lunes, 29 de septiembre de 2014

EN DEFENSA DE LA LECTURA "TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN"


  1. La narradora es un ejemplo hábil y elaborado de lo que suele llamarse "narrador poco fiable" o "narrador mentiroso": un narrador que cuenta una versión de los hechos que está (por lo menos) tres escalones por encima de la subjetividad, llegando a constituir un auténtico relato paralelo respecto de lo realmente acontecido. Más allá de las formas comunes de entender qué es y cómo debe ser representado un Narrador Poco Fiable (un tarado con un ojo mirando a venus y el otro a marte, que suelta espumarajos infectos por la boca), el hecho de que un narrador no parezca estar loco, no quiere decir que esté diciendo la verdad. Es más, el hecho de que el narrador NO ESTÉ loco no quiere decir que diga la verdad. Incluso el hecho de que un narrador pueda estar cuerdo y sano y resultar brillante y apasionado en su relato no es garantía de que esté diciendo la verdad (por ejemplo:¿ en serio es posible ver el mal, o mejor dicho, El Mal, en un recién nacido que te rechaza el pecho?)
    A algunos de vosotros la novela os ha resultado poco verosímil por la perfección e inquebrantabilidad de la la maldad de Kevin desde el mismo momento en el que nace.
    Claro. El problema es que os la habéis creído. Y aquí César tiene razón y no la tiene: la maldad inicial del niño es inverosímil, cierto, pero es inverosímil, precisamente, porque NO es cierta.
    Kevin, recién nacido, es un bebé. Kevin, con dieciséis años, es un asesino. Entre medio, lo que hay es una historia de miedos y turbaciones, y, sobre todo, una guerra.
  1. La narradora considera que el efecto que la presencia de Kevin tiene en su vida es monstruoso y destructivo. Rompe su independencia y su vida de viajes, convirtiéndola en una "cambia-pañales" profesional, una mujer encerrada en casa (lo peor que le podría pasar a a alguien que concibió su propia vida como una lucha contra los miedos de su madre, obligándose a sí misma a viajar y a vivir aventuras, a no quedar nunca encerrada como su progenitora); rompe su matrimonio, convirtiéndolo en un juego de mamá y papá del que además se siente excluida (la protagonista siente que su marido ha cambiado la percepción que tenía de ella, y le siente más lejano desde que nació Kevin); rompe la imagen que tiene de sí misma, convirtiéndola en alguien que no quiere ser.
    "Lo que Kevin le ha hecho a mi vida es monstruoso y destructivo, ergo, Kevin es un ser monstruoso y destructivo".
  2. Los hechos relatados en las ciento y pico primeras páginas de la novela, narrados por otro narrador—o mejor aún, SIN narrador; los hechos puros y duros—son minucias. Actos normales, cuestiones sin importancia, comportamientos propios de cualquier bebé. No hay nada pérfido en los actos. Todo lo pérfido está en la lectura que se hace de ellos. Haced, si no, la prueba. Leed las acciones que el bebé lleva a cabo sin una voz que les atribuya desde el principio no sólo una intención—os recuerdo que hablamos de un bebé—si no una intención malvada, destructiva.
    Es imposible que la narradora vea El Mal en su hijo desde el mismo momento en que, recién nacido, se lo ponen sobre el pecho. Ahí, lo que realmente comienza, es una construcción de sentido hecha por el emisor, no por el receptor, que acabará configurando la personalidad de Kevin, configurándola en forma de reto/guerra con su madre.
  3. La narradora se esfuerza, según sus propias palabras, por ser una buena madre. Se refiere, obviamente, a los hechos puros, a las acciones propias de una buena madre. Pero su falta de empatía para/con Kevin roza lo monstruoso. Más allá de sus actos, lo único que puede sentir—y relatar—a nivel emocional es su propio miedo. Ella atribuye el origen de ese miedo a los actos y las intenciones de un bebé de meses.
    Ya, claro.
    Como (supongo) muchas otras madres, la narradora siente celos. Pero sus celos son sospechosamente unidireccionales. Sólo está celosa de que la visión que su marido tenía de ella haya cambiado de "mujer" a "madre" (hecho para el cuál no estaba preparada) y de que su marido parezca formar una unidad más fuerte con su hijo de la que forma con ella misma. No está celoso de que Kevin pueda querer más a su padre. Está celosa de que su marido quiera a Kevin de una forma en que no la quiere a ella. Kevin es una interrupción de su relato amoroso.
  4. La narradora admite ser incapaz de amar a Kevin (no puede amarlo, como ya se ha dicho, por lo que éste representa: el fin de su vida tal y como ella la había diseñado y vivido). Llega entonces a desear que el niño estuviera tullido o que padeciera alguna enfermedad extraña y complicada que pudiera despertar en ella compasión, un sentimiento que sí está preparada para albergar. En el único momento en la novela en el que el niño enferma seriamente, brotan, fíjate qué casualidad, los sentimientos. No sólo los suyos, también los de Kevin. De repente el niño emite en una frecuencia distinta que la madre sí capta, fluyen los sentimientos e incluso se tejen breves complicidades. La narradora no profundiza (y apenas vuelve a hacer referencia) al extraño caso de Los Sentimientos Mutantes Del Pobre Chico Enfermo.
    Repitamos la secuencia a cámara lenta: la narradora llega a desear que Kevin esté tullido o seriamente enfermo para poder quererlo. Cuando el niño cae de verdad enfermo, el psicópata que ella ve en él mágicamente desaparece.
    Ya, claro.
  5. La narradora está en guerra con lo que ese niño representa para ella. Ella misma hace constantes referencias a ello. Usa terminología militar y de combate para describir el avance y los sucesos en la relación con su hijo. Lo hace con extrema frecuencia. Llega incluso a desear tener y concebir—y relatar—a su propia hija como un aliado en esa guerra (¿a nadie más le escandaliza esto?). Kevin conceptualiza a la recién llegada de la misma manera que su madre, pero desde el bando contrario. No es su hermana, es un soldado raso (y bastante patoso) del otro bando, y como a tal la va a tratar.
  6. Que la psiquiatría diga que un sociópata nace (no se hace) no es un argumento válido para el análisis de la novela. Eso es sencillamente leer desde un marco de conocimiento externo, distinto al que propone la novela. Hasta donde sé, la ciencia (e incluso yo mismo) puede demostrar que el ser humano no tiene los componentes físicos adecuados para volar. Sólo hay que coger a un puñado de gente y arrojarla desde lo alto de un terrado para comprobar que esto es cierto. Pero en Cien Años De Soledad, un cura se eleva varios centímetros del suelo por el efecto que tiene sobre él un tazón de chocolate caliente, y una mujer joven sale volando agarrada a una sábana mientras tiende la ropa. Y no, no vale aferrarse aquí al argumento de "es que eso es Realismo Mágico". Se trata de una novela. En una novela sucederá lo que el autor de la misma proponga que suceda, y mientras se mantenga fiel a sus propias propuestas (y estén éstas bien construidas), la verosimilitud de la historia no tiene porqué verse afectada. Lo que quiero decir con esto es que la respuesta al desarrollo psicológico de Kevin está dentro de la propia novela. Está en las pistas, las claves, las señales que la propia autora esparce por el texto.
    Aún diré más: Kevin NO es un sociópata. Cuando cae enfermo (fragmento al que he hecho referencia antes), y la narradora nos permite por fin acceso a los sentimientos (los de ella hacia él, y los de él en general), ella misma comenta, al ver a su hijo tan distinto, "lo costoso que debe resultarle mantener siempre esa máscara fingida de total indiferencia", dando a entender que ella misma se da cuenta de que por debajo del Orden Realmente Existente De Las Relaciones Establecidas, Kevin SÍ tiene sentimientos, que hay una persona diferente respirando en las profundidades de la máscara que su hijo lleva puesta a todas partes.
    Algo similar sucede en el final de la novela, cuando la guerra entre ambos personajes ha terminado y Kevin—cogido de la mano de su madre;entregando el ojo de cristal símbolo de su maldad en una cajita que no quiere volver a ver—se resquebraja.
  7. Es absolutamente inverosímil que cuando Kevin desfigura y hace perder un ojo a su hermana pequeña, la narradora no coja a su hija y desaparezca. Sus argumentos y justificaciones para quedarse—comparados con el peligro existente—tienen la ligereza y la superficialidad de un globo inflado con helio. No sirve tampoco el argumento de "después de todo, es su madre". Ella también es madre de la pequeña, y si Kevin es el monstruo psicopático sin fisuras que ella relata su decisión no sólo es irresponsable, también es incomprensible. Mirado desde una perspectiva distinta a "estoy en guerra con lo que Kevin representa (estoy en la pura no aceptación de lo que él supone para mi vida) y éste no es más que otro episodio en esta guerra" su reacción es tan extraterrestre que—aquí sí—la verosimilitud de toda la novela se acerca al abismo.
  8. Kevin no mata a la narradora. Mata al resto de su familia pero a ella no. Es obvio que considera (creo que acertadamente) que lo que él hace es en el fondo una parte de algo mayor que los incluye a ambos, narradora y Kevin. "cuando uno hace un espectáculo, no se carga al público", en palabras del propio Kevin. El acto está dirigido a ella. Es para que ella lo vea. Es, a la vez, contra ella y para ella. (no pasar por alto que Kevin insinúa e incluso echa en cara a la narradora que ella nunca quiso tenerle).
  9. El final de la novela: tras todo el horror, con su vida destruída y ninguna posibilidad de recuperarla—cuando, paradójicamente, Kevin es lo único que queda de su antigua vida—la narradora admite estar dispuesta a "rendirse", y a "empezar a quererle". De nuevo, tenemos mágicamente acceso a los sentimientos de Kevin. El muchacho se ablanda. Admite tener miedo (¿de qué había tenido miedo hasta ahora?). Coge la mano de su madre. Hace confidencias que hasta entonces la narradora parecía no merecer. Se quita de encima (con horror por tenerlo aún) el ojo de cristal de su hermana. Hace una burla que la propia narradora dice que parece más contra sí mismo que contra ella. Admite/manifiesta culpa por los actos cometidos al contar que el ojo de su hermana "parece estar siempre mirándome", llegando incluso a afirmar que no puede soportar la presencia de dicho objeto en su habitación. Asistimos, por tanto, a una nueva escena de proximidad entre la narradora y Kevin, similar a la del periodo en el que Kevin estuvo enfermo (aunque no en el mismo orden que la vez anterior, la autora vuelve a juntar manifestaciones de sentimientos de los personajes con situaciones en que la narradora afirma estar dispuesta a conectar con esos sentimientos. Aunque en este caso la confesión de Kevin es previa a la frase "quiero aprender a quererle" de la narradora, ambas vienen casi seguidas, y es obvio que la narradora lleva tiempo acercándose a Kevin de una forma distinta, y no es casualidad que la autora, por segunda vez, junte contextos de aceptación de sentimientos por parte de la narradora con manifestaciones de sentimientos por parte de ambos personajes).
    La guerra entre ambos ha terminado. Hasta tal punto ha terminado que cuando la narradora le pregunta a su hijo que porqué hizo lo que hizo, él contesta algo como "lo sabía, pero ahora ya no estoy seguro". Es decir, se encuentra ahora en un contexto en el que aquel acto ha dejado de tener sentido. Es un acto fuera de lugar. La guerra hace ya tiempo que ha terminado.
  10. La narradora acepta la culpa desde el principio, pero no acepta los hechos (los hechos vistos desde fuera de su propio relato). Son dos cosas distintas. Dice que ha sido una madre demasiado fría, se culpa por ello, pero su relato es siempre el de la descripción de un ser monstruoso, por el que ella ha hecho todo cuanto ha podido. En el relato de los hechos que hace ella no parece que su frialdad haya sido determinante a ningún nivel para la conformación de la personalidad de su hijo, ni que tenga nada que ver con los actos que éste comete al final. A este respecto, la narradora no acepta la otra versión de la historia que se cuenta en la novela (el contrapunto su marido), e incluso la ofrece de una forma en la que todos acabamos pensando "pero qué tonto es este señor que está casado con ella". Quizá Franklin, el marido, no sea la persona más inteligente del mundo, pero es probable que tampoco sea tan idiota. Quizá lo que Franklin no acierte a ver no sea que su hijo es un sociópata con el potencial de estallido de una bomba nuclear. Quizá lo que realmente no acierta a ver—porque no lo acepta—sea la transformación que lleva a cabo su hijo a medida que crece, y que acaba convirtiéndolo en un asesino insultantemente seguro de sí mismo. Quizá Franklin empieza la novela teniendo casi toda la razón, y la acaba estando equivocado por completo.
  11. Dentro de la lógica bélica de la novela—sé que esto puede resultar escandaloso, pero para qué estamos aquí si no—Kevin no va del todo desencaminado cuando recrimina a la narradora que quiera "asumir la culpa" por los asesinatos. "No sé porqué habrías de llevarte tú todo el mérito", dice Kevin, que considera, en ese momento, no mucho después de cometer los crímenes, que es él quien ha ganado la guerra. Para él, capitalizar la culpa es igual a atribuirse el mérito.
  12. No olvidemos el hecho de que la narradora le escribe las cartas a una persona ya fallecida. Si bien esto puede explicarse desde la lógica del estrés post-traumático—y si bien es cierto también que no deja de ser un giro narrativo/final sorpresa de los de toda la vida—no es menos cierto que es también otro posible indicador de que la narradora que cuenta la historia no es la persona más fiable y equilibrada del mundo.
  13. Un apunte que no sé cómo transformar en un argumento válido dentro de esta exposición, pero que me fascina lo suficiente como para incluirlo de todas maneras: la madre de la narradora, después de haber vivido a gran escala y a escala cotidiana algunos de los horrores sangrientos con mayúsculas de la historia de la humanidad, queda recluida en su propia casa, con un miedo a salir al exterior que resulta invencible para ella. La narradora, educada en el centro de ese miedo y absorvida por él, concibe su vida como una huída de/lucha contra ese miedo. Se obliga a viajar, se obliga a vivir aventuras, se obliga a escapar del que considera su destino. Se obliga a no ser como su madre. La presencia de Kevin recluye a la narradora en casa y la narradora proyecta su propio horror (el horror de lo que la presencia de un bebé hace en su vida de "viaje + vuelvo a casa y Franklin me abraza") sobre el niño. El niño acaba provocando una masacre de una maldad y proporciones que no sólo confirma los peores temores de la narradora sobre Kevin, también los peores temores de la madre de la narradora sobre la humanidad. Es fantástica la escena en que la narradora habla con su madre sobre lo que, en ese momento, acaba de suceder (el asesinato múltiple, incluyendo a su marido y su hija) y la madre de la narradora, lejos de entrar en pánico, parece confirmar para sí misma cosas que ya sabía. Se diría que se siente casi recompensada en sus temores, como alguien a quien, en el fondo, después de tanto tiempo, acaban de darle la razón.
    Viva la literatura.
  1. No tenía intención de alargar esto echando mano de argumentos personales, pero ya que he escrito un texto casi tan largo como la propia novela para explicar mi lectura de la misma, no creo que ahora nos venga de ahí. Reconozco los mecanismos de lectura de la narradora—reconozco su forma de leer a otra persona desde un marco desde el que lo único que buscas es confirmar tu opinión sobre esa misma persona—de esa manera en la que sólo un tramposo puede reconocer a otro tramposo. Como cualquier persona con tendencia a la fabulación, puedo ser un fantástico Narrador Poco Fiable de mi propia vida.
    Para no extenderme (mucho) más, explicaré un único ejemplo, propio de un proceso bastante común y en el que la mayoría de nosotros podrá sentirse reconocido. Cualquier persona, al llegar a la adolescencia, sufre una serie de procesos de cambio que alteran su visión del mundo y su posición en el mismo. La importancia desde la que uno se ve y mira es distinta, y tiende a abrirse una etapa de conflictos con la Autoridad Realmente Existente, es decir, con los padres, que son el criterio mayor y prácticamente único que hasta entonces ha regido tu vida. Tu vida pasa de una (lógica y necesaria) monarquía absolutista a una monarquía parlamentaria. En mi caso, por incomparecencia por parte de padre en los procesos políticos en marcha, mi madre representó para mí doblemente la autoridad, así que le tocó a ella aguantar una doble ración de niño-rebelde-ombligo-del-mundo. Obviamente, pasado el tiempo, uno crece y se da cuenta y deja de pensar tonterías sobre los propios padres. Pero si algo recuerdo de aquella etapa de discusiones adolescentes, es mi forma amañanada e inmadura de leer a mi madre. Las intenciones que uno buscaba—que uno quería ver—en sus actos o propuestas o reacciones, intenciones que en realidad no estaban allí (ver mala intención donde sólo había pragmatismo y funcionalidad normativa doméstica, etc). Pongo este ejemplo porque doy por supuesto que o bien como padres o bien como hijos, habréis pasado todos por procesos parecidos (y aquí, lo sé, cabrían decenas de cientos de matices y consideraciones en función de épocas, maneras de ver la educación y la autoridad de las distintas épocas, variaciones geográficas y de entorno—urbano; rural—,y así hasta el infinito. Pero éste es el ejemplo que se me ha ocurrido, y es el que voy a dejar).
    La narradora es una mujer inmadura que hace una lectura inmadura y devorada por sus propios miedos de su hijo recién nacido. Como tantas otras veces en tantas otras situaciones a lo largo de la historia de literatura, que es el reino de lo subjetivo, la subjetividad del personaje se carga sobre el objeto. Es el objeto (el niño), el que aparece teñido con la paleta de colores que están en la mente de la persona que lo describe. Y aquí no estamos hablando del típico constructo mental adolescente sobre los padres de uno, estamos hablando de la construcción de sentido que un narrador literario hace sobre su propio hijo recién nacido, sobre un bebé, la cosa más moldeable del mundo. Tampoco estamos hablando de un ejemplo real, extraído de un manual de psiquiatría, estamos hablando de una novela. Y en esta novela, si bien el Kevin de dieciséis años es un tarado y un asesino, el Kevin recién nacido no es más que la representación literaria de uno de los muchos bebés que cada día llegan al mundo.
Creo que es obvio que la novela me ha gustado. No salgo de mi cueva para escribir 7 folios así como así. Quizá alguno de los puntos aquí expuestos sea un poco confuso o necesite un poco más de elaboración (la cuadratura del círculo), pero este texto ha sido escrito en un Ataque Severo De Interés Por La Literatura cuyo frenesí ha durado dos días, y quería colgarlo en el blog antes de que se apagaran del todo los ecos del debate del otro día.
Por lo demás, estoy dispuesto a batirme en duelo por mis argumentos con cualquiera que así lo desee.
Y con esto y un bizcocho.


Cristian.  

martes, 10 de junio de 2014

VACACIONES y VIAJES

Hace más o menos un año os aconsejé de forma razonada y por el propio bien del libro que no se os ocurriera adquirir ningún libro de verano y, sobre todo, llevarlo a lugares habituales de veraneo, ni al campo ni a la playa.

De la misma manera y porque sois amigos míos, huid como de la peste de la llamada “canción del verano”. Esta pócima está diseñada para terminar con las neuronas de los oyentes. Sus sones entran a saco por el VIII par o nervio auditivo , se difunden por el lóbulo temporal y luego por el resto del cerebro. Cuando llegan al lóbulo frontal, ya estáis sonados , como si hubierais peleado en un ring con el mismísimo Casius Clay. Deja secuelas para toda la vida. Ya sabéis que una de las metas claras de la humanidad es que cada día que amanezca el número de tontos crezca, pues bien, este asunto de la “canción del verano” es de los métodos más eficaces para conseguirlo.

También el verano es época de viajes o viajecitos...La verdad es que no quiero ser aguafiestas. Pero analicemos un poco . Por un lado la crisis, por otro el rollazo de aeropuertos con rebaños corriendo de un lado a otro, autopistas que recuerdan a las sardinas en lata, estaciones con masas sudorosas y caras enajenadas, paellas grasientas y, con seguridad, pasadas, ruidos infernales incluida la canción del verano, precios abusivos, sangre, sudor y lágrimas, ¡es la guerra!...Puede ser que me haya pasado un poco , pero uno de los días más felices de las vacaciones es el día de regreso a casa. “Mi casa, mi casa...”, que decía E.T.

Así que, como noble alternativa al viaje o viajecito, nada mejor que una buena lectura de libros de viaje. En casa, si es preciso con botijo y ventilador, si andáis apurados con barreño de agua  para remojar los pies, como son vacaciones alguna cervecita fría en la nevera y si hay que echar la casa por la ventana una botella de vino fresco.¡ Huid también del tinto de verano!. Eso debe ser un artilugio monjil o un invento para timar a turistas descerebrados, que también los hay. Por sus pintas, la mayoría. Con esos arreglillos simples, a vivir que son dos días. Qué descansada vida la que huye del mundanal ruído... (Horacio y Fray Luís de León)

Para contribuir a tanta dicha os relaciono unos cuantos libros de viajes, sin orden y con poco concierto, pero con los que lo he pasado muy bien.

Comienzo por un libro reciente Hispanomanía, de Tom Burns Marañon, Galaxia Gutenberg. Es un libro precioso, acerca de célebres viajeros por España. Algunos franceses, Gautier, George Sand, Maurice Legendre, y, sobre todo, ingleses y americanos : Brenan, Hemingway, Richard Ford, Blanco White, George Borrow o Jorgito el inglés, medía más de dos metros, y es el autor de La Biblia en España, George Orwell y su Homenaje a Cataluña y otros más. Analiza a los autores , su vida, su obra, su visión de España. El autor es nieto de Don Gregorio Marañon y escribe con la misma amenidad que su abuelo. Se lee de un tirón. Fijaros que a Marañón le llamo Don Gregorio pues hubo una época, edad dorada, siglo dichoso, donde el médico era Don Fulano y Don Mengano, no como ahora donde, en el mejor de los casos , uno es el Garzón ese del seguro , y, en el peor y frecuente, el tío ese que se va a enterar quien soy yo...Corramos un tupido velo. Esa degradación de la profesión se la atribuyo a la LOGSE y, también, a la canción del verano. Ambas tienen efectos similares.

Una vuelta por Italia : Roma, de Robert Hughes, ed. Crítica. Ya recomendada , me parece, en algún otro lugar de este blog. También ya recomendada, Medianoche en Sicilia, de Peter Robb, ed.Alba. Finalmente Venecia, del autor/a Jan Morris, ed.Península. No se si conocéis a este autor/a. Ya hablaremos. El libro es una maravilla. Recorres Venecia fascinado desde la góndola de tu casa...

También de reciente lectura, es una reedición actualizada Entre el desierto y el mar, Rafael Dezcállar, ed.Destino. Viaje fantástico, lo leí hace pocas semanas, por el Israel contemporáneo. Del mismo tema , en plan lujo , Jerusalén, de Simon Sebag , ed. Crítica. Es la historia extraordinaria de la ciudad mítica por excelencia. Simon Sebag tiene una apasionante biografía de Stalin, El gran zar rojo, ed. Crítica.

Para Africa, El sueño de Africa, Javier Reverte, varias ediciones .Del mismo autor : Por los caminos de Africa, Vagabundo en Africa. El primero fue un best seller que se lee de un tirón. De obligatorio cumplimiento : Ebano, de Kapuscinski, para quitarse el sombrero.

Del mismo Kapuscinski, Imperio, ed.Anagrama, donde recorre los antiguos estados de la URSS, interesantísimo.

Para conocer  a fondo Crimea, ahora en candelero : El mar Negro, cuna de civilización y barbarie, de Neal Ascherson, ed. Tusquets. Desde la expedición de los argonautas en busca del vellocino de oro hasta Yeltsin. Cultura de la buena.

Kazajstan, Uzbekistan (Samarkanda, Bujara, el viaje de González Clavijo a visitar a Tamerlán en época de Enrique III, padre de Juan II, abuelo de Isabel la Católica), Tayikistan,Kirguizistan,Turkmenistan, todo ello lo patea uno de los grandes Colin Thubron, El corazón perdido de Asia, ed. Península. Impresionante.

Para la India, aunque han pasado algunos años, India, una civilización herida, del nobel V.S.Naipaul, ed.Debate. Para aprender un montón. Del mismo autor : Entre los creyentes, un viaje por tierras del Islam, ed. Quadro. Paseo por Irán, Pakistan, Malasia, Indonesia.

No puedo dejar de citar a algunos autores cuyas obras son siempre recomendables : Wilfred Thesiger, Bruce Chatwin, Patrick Leigh Fermor. Si veis algo suyo y os interesa el tema, adelante. No os defraudará. Son grandes escritores.

En resumen se trata de preguntarse ¿a donde quiero ir? Y, casi seguro, encontrarás , barato y asequible el viaje mental soñado a través de un libro. Y todo ello desde la casa de E.T. ¿Se puede pedir más?.

Tengo que parar y, salvo el libro de Tom Burns, no he hablado de viajes por España.  Si queréis, haremos un capítulo nuevo. Toda sugerencia será bien acogida.


César.

sábado, 24 de mayo de 2014

ELOGIO DE PEDRO PARAMO



(Para Eugenia,mi única lectora según parece.Pero ya es suficiente)


        El libro de Juan Rulfo,pese a sus pocas páginas, está lleno de sugerencias difíciles de agotar.
        Recrea un "clima" social, unas formas de vida, unos paisajes, todo tipo de pasiones humanas, en un lenguaje conciso, de gran calidad y alto contenido simbólico.
        Describe la estructura social en la época de sus padres y abuelos. En la difícil elección república-monarquía, los mejicanos ya se habían cargado al emperador Maximiliano en 1867. Hermano de Francisco José reinó tres años entre dos gobiernos de Benito Juárez. La Francia de Napoleón III apoyaba la solución monárquica y la emergente potencia EEUU la republicana. De nada le sirvió a Maximiliano ser masón, como Juárez. Tras el largo gobierno de Porfirio Díaz se suceden múltiples pronunciamientos, con apoyos de unos u otros. Es lo que se conoce como Revolución Mejicana. Pocos de aquellos líderes murieron de muerte natural : Madero, Zapata, Carranza, Obregón..., murieron asesinados. Hay toda una literatura agrupada con el nombre de Novelas de la Revolución. Por supuesto numerosas películas, el propio Elia Kazan hizo Viva Zapata. Para el aficionado a las aventuras de la historia es un tema inagotable.
        Los Mejicanos no son los primeros regicidas, ni los últimos. Cromwell ajustició a Carlos I de Inglaterra en 1649 y la Revolución Francesa a Luís XVII en 1795. Los revolucionarios rusos terminaron con el zar y su familia después.
        Pues bien, sin que sea un experto en el tema, sino todo lo contrario, me parece que en aquel periodo anárquico de revoluciones y contrarrevoluciones, de gobiernos y pronunciamientos, en el medio rural, un tipo "echao pa lante", bien podía adoptar el papel de señor feudal medieval y, a mi juicio, eso es lo que representa la figura de Pedro Páramo, dueño de vidas y haciendas y con derecho de pernada.
    Rulfo, nacido en 1917, no es testigo presencial de aquellos hechos. Una de las genialidades de la novela es hacer hablar a los muertos, sus almas errantes, que sí los vivieron. Rulfo es dueño de la evocación onírica de lo sucedido : lo recuerda entre las brumas de su primera infancia, y, seguramente, por los relatos de algunos testigos presenciales, no de sus padres pues fallecieron siendo él niño.
        Describe el poder de quien es más fuerte y violento, aunque quien a hierro mata a hierro muere, la apropiación indebida de todo lo que te apetece y, sin embargo, es desgraciado porque no tiene a Susana...Nadie es feliz en este libro. El machismo es absoluto. Todas las mujeres giran sumisas alrededor del macho. Susana se libra porque está loca...También puede verse como un ensayo sobre la imposibilidad de ser feliz, salvo algún momento...
        El conseguir en tan pocas páginas reflejar tanto, sin duda, es una genialidad. Con un estilo fluido, nada pesado, con frases cortas admirables. Si la primera lectura es más difícil, las siguientes son un puro gozo.
        Puestos a comparar, ya sabes mi manía,este libro lo equiparo a algunos grabados de Goya que, en una primera visión, no te cuentan todo lo que hay en ellos, pero, vistos con detenimiento, contienen todo un mundo caricaturizado de forma indeleble.


        P.D. Alianza editorial ha publicado Días sin huella, novela de Charles Jackson en la que se basa la película del mismo título de Billy Wilder con Ray Milland de protagonista. La citabas en tu comentario a propósito de escritores alcohólicos. La novela es un largo fin de semana buscando compulsivamente el alcohol : no hay otro tema.
        De Kingsley Amis, padre de Martin, también se ha publicado un libro sobre este asunto : Sobrebeber. El título es muy bueno. No lo he leído, pero un amigo de confianza me ha dicho que no me gustará porque hace una apología de las bebidas fuertes : ginebra, wiski, etc..., despreciando el vino. Al Burdeos, único tolerable para él, junto con el jerez de tradición británica, lo llama clarete. Y la mejor comida del mundo es rosbif acompañado de wiski. Mi amigo me quiere. Realmente esa combinación me puede resultar vomitiva. No se si llegaré a leerlo, aunque la tentación es grande ...

César

       





jueves, 22 de mayo de 2014

ANTONIO PRIANTE. El silencio de Goethe

Schopenhauer

EL SILENCIO DE GOETHE O LA ÚLTIMA NOCHE DE ARTHUR SCHOPENHAUER
Noche del 20 de setiembre de 1860. Parece que Schopenhauer se ha recuperado de la enfermedad que le ha tenido postrado durante unos días. Solo, meditando, pensando en voz alta, dirigiéndose a veces a su fiel perro Butz, rememora los momentos destacado de su existencia: la muerte del padre, las difíciles relaciones con la madre, el despertar de la pasión filosófica, los años de estudio, el encuentro con Goethe en Weimar, la creación de la gran obra, el viaje a Italia, el rechazo del mundo universitario, los amores, la frustración ante el silencio que rodea a su obra, el reconocimiento tardío… Sí, finalmente el mundo se inclina ante el filósofo ya septuagenario, pero ¿y Goethe? Poeta al que Schopenhauer admiró por encima de todos, científico con el que colaboró y discrepó en su análisis de la visión y los colores, fue quizá el primero en leer El mundo como voluntad y representación, y sin embargo, Schopenhauer nunca consiguió arrancarle una opinión sobre el contenido de esa obra fundamental. ¿Por qué?… Ése es el leitmotiv de esta novela, el punto de duda que la ficción introduce (¿adivina?) en la conciencia de un pensador que, pese a los escollos que encontró en su camino, siempre se manifestó absolutamente convencido de la verdad de su doctrina.
(Publicada por Editorial Cahoba, Barcelona, 2006; derechos caducados y disponibles para formato en papel. Se encuentra en formato Kindle enwww.amazon.es )
LA CRÍTICA HA DICHO:
“Y aquí es donde el autor demuestra su maestría al hilvanar con sutileza las anécdotas y peripecias de esta “vida de filósofo”, de manera tan natural y convincente que el personaje Schopenhauer se torna creíble, semejante a un regio actor en el papel de sí mismo. La elegancia del estilo de Priante entona con la del discurso del filósofo, casa con la mesura íntima de la narración que fluye sin estridencias y nunca decrece en intensidad.”
(Fernando Moreno Claros, El País, 16 de setiembre de 2006).
“Priante sabe retratar todos los matices de este sentimiento de abandono del creador que al final de sus días ha logrado las alabanzas de las gentes más sencillas pero sólo ha alcanzado la indiferencia de los académicos, que aparentemente no le preocupan demasiado, y de Goethe, que le preocupa obsesivamente. Sólo un autor que ha sufrido la incomprensión puede reflejar tan bien este trayecto hacia una obra sólida. Esto de la incomprensión no lo digo por un arrebato romántico que me empuje a la exageración. Priante ha tardado ocho años en encontrar un editor para esta magnífica novela sobre el alma de un escritor. Esta tardanza, desgraciadamente, da fe de su calidad”.
(Ada Castells, La Tormenta en un Vaso, 9 de octubre de 2006).
“Este fin de semana he leído de un tirón otra pieza de Antonio Priante, “El silencio de Goethe o la última noche de Arthur Schopenhauer”, que me ha vuelto a sorprender. Primero por su claridad y por su conocimiento de Schopenhauer, de Goethe y del pensamiento filosófico y literario del siglo antepasado. Segundo porque me han emocionado las páginas en las que el filósofo le echa en cara a Eckermann…”
(Lluís Foix, La Vanguardia, 30 de mayo de 2006).
“Lo importante de esta obra es que, en tan pocas páginas, se aprovecha todo, y el autor consigue algo realmente excepcional: nos da la impresión, por muy ficticia que sea, de haber conocido a Arthur Schopenhauer.”
(Supersantiego, La Realidad Estupefaciente, 28 de setiembre de 2010).
Información sacada del Blog de Antonio Priante

GABRIEL JOSIPOVICI

Sobre “Moo Pak” de Gabriel Josipovici

Moo Pak* pasará a la historia (ese espacio en la historia que ocupan las grandes chorradas) como la novela en que servidor marcó, señaló o subrayó las citas más extensas. No hablo de las habituales citas de cuatro, cinco o seis líneas, sino de veinte, treinta o en algún caso concreto (y ateniéndonos exclusivamente a la versión digital en que fue leída) páginas enteras, esto es, quinientas, seiscientas palabras. Una locura. Una locura entre otras cosas porque a medida que iba leyendo y señalando me iba planteando también la reseña y me daba cuenta de que aquello se tornaba inviable y si ya por lo general soy reacio a meter citas en las reseñas, ni les cuento lo que pienso de meter eternidades como las planteadas. Resumiendo, que existe la tentación de llenar esto de citas. Voy a resistirme en la medida de lo posible, pero alguna (!) será inevitable. 


Moo Pak 

Moo Pak es un libro (en apariencia) muy sencillo. En él, dos hombres pasean mientras uno de ellos habla. Trepidante, ya ven. Pues así doscientas páginas. El más charlatán (por llamarlo de alguna manera) de los dos es un escritor suponemos que consagrado, por lo que la mitad de las cosas que cuenta tienen que ver con la literatura, que es en lo que piensan los escritores cuando no están escribiendo. Cosas que tienen que ver, por ejemplo, con ser escritor (¡tachán!), con las razones que mueven a los escritores a escribir ergo las razones que lo mueven a él, razones que voy a suponer, al menos en parte, universales. “Empecé a escribir, dijo, para poner orden en mi cabeza. No porque tuviera «algo que decir» o porque quisiera crear objetos bellos o contar historias bellas, sino simple y llanamente porque quería poner orden en mi cabeza y evitar volverme loco. […] Escribo para librarme de la imaginación, no para satisfacerla.” Razones, razones, razones. Y en la adicción (de la escritura, así planteada, sólo pueden naceryonkis), la incomprensión: los críticos son esos señores tan feos que jamás podrán comprender lo que es escribir porque para ellos una novela expone ideas o revela lo que ellos llaman las honduras del sufrimiento humano o los transporta a territorios mágicos y Josipivici, perdón, el protagonista, no tiene el menor interés en poner su corazón al desnudo. Y blablablá, blablablá. 

Lo que me ha gustado de Moo Pak, por encima del tema de su discurso, es el tono. Es el mismo tono, o parecido, que encontré en “Stoner” de John Williams o en “Ciudad abierta” de Teju Cole. El tono sereno y reflexivo como invitación a la lectura sosegada de una reflexión sobre la importancia y vigencia de gente como Swift (y su genio apagándose en Moor Park, clave fundamental de la novela, que me niego a desvelar), Rabelais, Dante, Kafka, Proust, de todos esos hombres que, dice, necesitamos para que nos recuerden qué significa ser en verdad nosotros mismos, para que nos ayuden en nuestra flaqueza y fragilidad, para que les recuerden, a ellos, a los escritores (verdaderos destinatarios de esta novela), que existen posibilidades y que el trabajo duro y el despliegue de energías sí tienen su recompensa, aunque en el fondo sepamos (también él lo sabe) que no es del todo así, no siempre, al menos, (casi nunca, en realidad) pero tonto el que no se consuele: “La mayor parte de los artistas […] suponen un obstáculo, nos despistan, nos aporrean con su ruido y luego nos dejan [a los lectores] sin nada, sin menos que nada.” Sí: Moo Pak también es la última línea de defensa de la mediocridad: “No sé por qué empecé y no sé por qué sigo. Solo sé que me encuentro mucho peor cuando no escribo que cuando escribo. Y a veces creo, dijo, que mi cometido es demostrar qué sucede cuando se tiene la necesidad de escribir pero no el talento o los conocimientos o la experiencia, cuando uno carece de las aptitudes pero la necesidad no decae.” 

Muy bonito, todo. Precioso. Babosillo y pedante a ratos, falto de humor casi siempre pero con la ternura que dan escuchar a estos señores tan mayores y tan sabios y tan de haber sabido ajustar sus biorritmos a los de la madre naturaleza. 

Y a base de dar la paliza con que Swift esto, Swift lo otro, que si Dante, que si Kafka, que si los incorruptibles Bernhard, Beckett o Pinget, lo que el protagonista (esto es, Josipovici adaptado) pretende  es meternos en el cuerpo la necesidad de volver a los clásicos como a un refugio seguro, quizá para demostrar que no se puede matar lo que no se puede morir. 

“[…] es evidente que no deberíamos obsesionarnos con la confusión y el fracaso. Lo que he intentado hacer en toda mi obra y sobre todo en Moo Pak, dijo, es dramatizar la interrelación que existe entre el caos y el orden, entre la confusión y la claridad, entre el deseo de dejar que las cosas ocurran y la necesidad de controlarlas. Ceder al caos, dijo, significa renunciar por completo a la idea de arte y conocimiento; negar la confusión y el caos significa producir algo que no tiene la menor relación con lo que somos. Ahí, dijo, están la paradoja y el desafío.” 



La era de la sospecha 

Termino. No hace mucho hablábamos aquí de una novela de Lars Iyer –Magma- en la que se planteaban una serie de cuestiones literarias que años más tarde recogería y concentraría en un breve Manifiesto de libre adquisición en la red. Del mismo modo Josipovici publicará, cinco años después de Moo Pak, un libro llamado On Trust: art and Temptations of Suspicion, traducido y publicado por Turner Publicaciones como “Confianza o sospecha: una pregunta sobre el oficio de escribir” (aquí un fragmento) en el que reflejará y desarrollará extensamente las inquietudes planteadas en Moo Pak. 

Josipovici empieza justificando el libro (del que sólo he leído fragmentos escogidos) como un intento de explicarse a sí mismo los problemas que lo han acompañado durante toda su vida de escritor. Problemas que tienen que ver con sentir, por una parte, la necesidad de escribir como algo físico, como la necesidad de respirar; y, por otra parte, con sentir que ya no es posible abordar la escritura como un oficio, por lo que se resigna a sentirla como unacomplacencia. Puede que la sociedad te pague por lo que produzcas, dice, pero las leyes del mercado no son las leyes de la academia de música: no existe un consenso, apoyado en un punto de vista común acerca de la tradición sobre qué es lo bueno. 

Cuestiona, Josipovici, la validez de todos los premios literarios o la inclusión de cursos de escritura creativa en los programas universitarios, porque considera que no son más que una forma de engañarse, de fingir que seguimos creyendo que el oficio de escritor es como era antaño, cuando eran llamados, los escritores, hacedores. Ahora ya nadie busca lo mismo, ergo el genio se oculta tras diferentes puertas, lo cual da, en cierto modo, validez a todos los discursos posibles. Cree que el problema de fondo es que los juicios sobre arte están siendo dictados por factores sociales y no artísticos (algo que vendría también a demostrar el que los ataques a la “mafia literaria de Londres” (también allí, sí) vengan siempre de aquellos que se sienten excluidos, algo perfectamente aplicable a nuestro particular mundillo literario). 

En este ensayo, en el que se plantea si es posible crear arte con total libertad y producir obras que trasciendan lo comercial y que, insisto, semeja una prolongación de Moo Pak (se habla con detalle de Beckett, de Proust, de Kafka, de Shakespeare, de Dante…) el autor defiende, tal como hace en la novela, la necesidad de retroceder, ir hacia los artistas de tiempos anteriores, hacia sus relaciones con el mundo y hacia sus propias tradiciones artesanales, para poder comprender qué se perdió cuando estas tradiciones dejaron de ser visibles. 

Esta información procede del Blog LA MEDICINA DE TONGOY

jueves, 20 de marzo de 2014

LA PESTE. ALBERT CAMUS

Vida : Nace el 7 de Noviembre de 1913 en Modovi, Argelia francesa. Padre Lucien Camus de origen alsaciano que trabajaba para un comerciante de vinos. Madre Catalina Sintes, de origen menorquín. El padre  muere en Octubre del 14 en la batalla del Marne.
Tiene un hermano mayor, también Lucien. Cuando fallece el padre se trasladan a vivir a Argel con la abuela materna. Barrio y familia muy humildes. La madre con acusada sordera y de escasas palabras. En alguna foto he visto que era guapa, de rasgos finos. Albert siempre la idolatró y creo que transcribe su figura en la madre del Dr. Rieux en La peste. ( No creo que idolatró sea el verbo adecuado porque idolatría es venerar un Dios falso y la madre, aunque analfabeta, era una diosa verdadera. Pongamos adoró.)
Nada mejor  para transcribir sus primeros años que su libro póstumo El primer hombre. Publicado en 1994 por su albacea, su hija Catherine. Su pobreza, el papel de la abuela, sus juegos, sus amistades y, sobre todo la importancia de sus maestros . Louis Germain y Jean Granier. La carta que escribe a Louis Germain a raíz de recibir el Nobel emociona la cien vez que la lees como  la primera vez, señal indudable de que estamos ante una relación maravillosa de maestro y discípulo y de la calidad humana de ambos. Está recogida como apéndice en el libro citado.
Afectado por la tuberculosis desde los 13 años. Tuvo varios episodios , también de adulto, que precisaron temporadas de reposo. Era el tratamiento de la época hasta la aparición de la estreptomicina, ya entrados en los años 40 del pasado siglo.
Estudia Filosofía en Argel. Comienza a escribir muy joven y a participar muy activamente en actividades culturales. Pertenece al PC de 1936 a 1937.  En 1940 abandona Argel y se instala en París. Trabaja pronto en la editorial Gallimard y dirige Combat.
Es famoso su enfrentamiento con Sartre-Beauvoir que le criticaron de forma acerva. Dicen las malas lenguas que esta última porque no llegó a acostarse con él.
Casado dos veces . La primera con Simone Hie ( 1934-1936), guapa morfinómona, que le deja por un médico. La segunda con Francine Faure (1940 hasta la muerte de Albert) ,
Pianista y matemática, por lo visto gran intérprete de Bach, madre de mellizos: Catherine y Jean (1945), ambos abogados.  Catherine ha sido la encargada de mantener su legado y la responsable de la publicación, g.a.D., de El primer hombre.
Es de todos conocida su relación con María Casares, actriz, hija de un ministro de Azaña. Tuvo mucho éxito con las mujeres. Esto le hizo padecer a Francine que precisó ayuda psiquiátrica, no se si para bien o para mal.
Nobel en 1957 . Muere en accidente de automóvil el 4-Enero-1960 al chocar contra un árbol. Conducía Michel Gallimard. Acerca de su muerte hubo especulaciones sobre un posible atentado, (Berta Vías Mahou : Venían a buscarlo a él, Ed.Acantilado). Está enterrado en Lourmarin, en la Provenza. También Francine.
Una preciosa biografía, entre muchas otras, es la de Herbert R.Lottman, publicada en 1978 y en España en 1987 por Taurus. Ya recoge datos del manuscrito de El primer hombre.
Un buen libro para captar el pensamiento de Camus es el de su amigo, unos años más joven, también nacido en Argel, Jean Daniel : Camus, A contracorriente, Ed. Galaxia Gutenberg 2008). Jean Daniel , entre otros muchos escritos, ha dirigido Le nouvel observateur. Fue premio Príncipe de Asturias 2004.

Obra : El propio Camus enumeró ciclos o series .


1ª serie . Absurdo : El extranjero (1942). El mito de Sísifo. Calígula. El malentendido.
2ª serie. Rebelión : La peste (1947) El hombre rebelde. Los justos.
3ª serie . El amor desgarrado : La hoguera. Del amor. El seductor.
4ª serie . La creación corregida o El sistema que incluiría una gran novela, una gran meditación y una  obra no representable.
Más tarde insertó una nueva serie entre la 2ª y la 3ª  que incluiría La sentencia  y El primer hombre. La sentencia o el juicio debe corresponder a La caída (1956), pequeña en extensión pero gran novela. Tuve la oportunidad de verla en una adaptación teatral, magnífica. Su protagonista, Jean Baptiste Clamence, recuerda al Tarrou de La peste. Para algunos es la mejor obra de Camus.
Que yo sepa , su muerte prematura nos dejó sin la 3ª y 4ª series.
Hay que añadir numerosos artículos, diarios, otras obras teatrales . Su obra completa está bien editada en España, en cinco tomos por Alianza.

La polémica con Sartre se produce tras la publicación de El hombre rebelde (1951) y, en síntesis, versa sobre si el fin justifica los medios. Sartre y compañeros de ruta proponían que pese a sus defectos y desviaciones había que preservar la esperanza en el paraíso socialista y,pese a las evidencias del desastre, no se salió del sendero...Le soltaba frases como esta: Si no te gusta el comunismo ni tampoco el capitalismo, veo sólo una salida para tí : Las islas Galápagos... Camus, al revés , creía que al crimen hay que llamarlo crimen y había que denunciar el estalinismo. El fin no justifica los medios es una de sus grandes tesis.
También fue sonada la frase ante la interpelación de un argelino, supongo que de el FLN, durante la concesión del Nobel : Entre la justicia y mi madre , prefiero a mi madre. Fue sacada de contexto. En realidad dijo : En este momento se arrojan bombas contra los tranvías de Argel. Mi madre puede hallarse en uno de esos tranvías. Si eso es justicia, prefiero a mi madre.
Finalmente otra de sus frases : El hombre muere y no es feliz. Y Camus lo que pretende es aceptar nuestra finitud sin renunciar a enfrentarnos con el destino y tratando siempre de ser felices y facilitar la felicidad de los demás.
Jean Daniel, en la obra mencionada , aconseja que el mejor medio de acceder a la obra de Camus es comenzar por El primer hombre.

La peste : Creo que está construida con la técnica “Deus ex machina”, que nos enseña Blas. Cada personaje tiene un papel determinado, pero está hecho con tal arte que se entrelazan sin darnos cuenta. Mantiene la tensión como si fuera un policiaco, con un lenguaje sobrio y justo que facilita la lectura. Rieux actúa por una motivación ética , sin la expectativa de una justicia sobrenatural. Del mismo modo Grand, el artista de la amazona del bosque de Bolonia, o Tarrou agobiado por la culpa primigenia de su padre juez . Sólo Cottard disfruta con el caos. Pero Camus no le valora, ni le juzga, ni le condena. Allá cada cual con su conciencia.
Camus propone una moral basada en el ejercicio de la compasión, lejos del poder liberador de la crueldad revolucionaria. Es útil cualquier gesto o palabra que alivie el dolor de los semejantes. Está lejos del filósofo de profesión que tras su jerga se olvida del hombre concreto. No predicó el comunismo desde un castillo burgués. Así mismo huyó de los dogmas que dejan una estela de cadáveres en la historia.

¿ A quien de nosotros le preocupa ahora que los hombres mueran y no sean felices?. Ahora mismo no se aprecia una esperanza o fe en el hombre y su capacidad de mejora. Están entronizados el éxito, la fama, el dinero, el poder, como los cuatro jinetes de un nuevo Apocalipsis. Camus creía en la dignidad y nobleza del hombre sin necesidad de referencias religiosas, en el derecho a la felicidad  y en el empeño de su búsqueda. También en  ese derecho a la felicidad para  los menos favorecidos, tal y como lo vivió  en su infancia. Y en cuanto a mantener el empeño, como Sísifo, aunque no se logre nunca.

Sobre Albert Camus hay más de 2.500.000 resultados en internet y sobre La peste más de 550.000. Es inútil que yo trate de aportar una nueva opinión. Así que  voy a referir algo estrictamente personal.
Mi libro de La peste está editado en 1958 por ediciones Cid, autorizado por editorial Sur, de Buenos Aires. Después lo ha editado siempre en España Edhasa, que pienso debe ser heredera de Sur. La traducción es de Rosa Chacel. Hay algún fallo, pero está bien. El mío es una segunda edición, así que calculo que lo he leído en 1960, más o menos. Por entonces , supongo que saliendo de la adolescencia, uno andaba tratando de escoger su camino en la vida y me hice médico. Había leído otras novelas de médicos. Estaba la tremendista Cuerpos y almas de Maxence Van Der Meersch, La ciudadela de A. J. Cronin, El doctor Arrowsmith del Nobel Sinclair Lewis ( gran libro, por cierto). Todos ellos muy lejos del actual concepto de la medicina que nos proporcionan las series de TV, donde un hospital se convierte en un follatín ( no es una errata, he escrito follatín) o un médico genialoide actúa como un detective psicópata peligroso. Ninguno de estos ha influido en mí tanto como La peste que creo ha llegado a modelar mi carácter y mi forma de actuar y, confieso, que, por si tenía dudas , la he leído varias veces.
Gracias Camus.

Apéndices.

La peste es una infección producida por un bacilo, la yersinia pestis o pastereulla pestis.
Es endémica en roedores salvajes y, a veces, urbanos. Es la peste negra de la Edad Media. Se transmite al humano por la mordedura del animal o por una pulga infectada. En el humano adopta la forma bubónica o neumónica, según que la afectación principal sea en los ganglios o los pulmones. Es más grave y de evolución más rápida la forma neumónica. En caso de afectación de las vías respiratorias puede transmitirse por las gotitas de saliva . Hay una vacuna , aunque no es plenamente eficaz. Por supuesto, se trata con antibióticos. Viene esto a cuento porque , con alguna frecuencia, he oído o leído que hubo o hay una “ peste de cólera”, utilizando peste como sinónimo de epidemia. No, eso es un disparate. La peste es la epidemia producida por esa bacteria.

Carta de Camus a Louis Germain                                

Querido señor Germain : Esperé a que se apagara un poco el ruido que me ha rodeado todos estos días antes de hablarle de todo corazón. He recibido un honor demasiado grande, que no he buscado ni pedido. Pero cuando supe la noticia, pensé primero en mi madre y después en usted. Sin usted, sin la mano afectuosa que tendió al niño pobre que era yo, sin su enseñanza y su ejemplo, no hubiese sucedido nada de todo esto. No es que de demasiada importancia a un honor de este tipo. Pero ofrece por lo menos la oportunidad de decirle lo que usted ha sido y sigue siendo para mí, y de corroborarle que sus esfuerzos, su trabajo y el corazón generoso que usted puso en ello, continúan siempre vivos en uno de sus pequeños escolares, que, pese a los años, no ha dejado de ser su alumno agradecido.
Lo abrazo con todas mis fuerzas.            Albert Camus           17-Noviembre-1957


César