jueves, 14 de junio de 2018

CASTELLIO CONTRA CALVINO








Comentario en la tertulia literaria sobre un ensayo de Stefan Zweig: "Castellio contra Calvino" o "Conciencia contra violencia".
Ed. Acantilado
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Hace poco, en nuestra tertulia decidimos con muy buen criterio, abrirnos a otros tipos de lectura y otros géneros que no fueran exclusivamente la novela. Intuyendo la calidad que iba a encontrar en "Castellio contra Calvino", pues en aquel momento lo estaba empezando, me decidí a proponeros este ensayo que recomiendo a todos los que deseeis conectar de nuevo con los valores humanistas defendidos sin estereotipos ni frases políticamente correctas carentes de sinceridad y de sensibilidad.
Es un ensayo cuyo tema está indicado en el propio título: "conciencia contra violencia" y es un texto absolutamente personal, surgido de la libre expresión de un pensador, de alguien que ha vivido y que se ha detenido a reflexionar largamente sobre el comportamiento humano. Aunque está claro que no nos hallamos ante una novela, algunos capítulos me han estremecido tanto o más que una historia de ficción. El relato de lo acontecido a Servet es realmente angustioso y la respuesta de Castellio, comentada por Zweig, con párrafos originales entrecomillados, me han resultado muy emotivos y me han puesto literalmente, los pelillos de punta.
Puede que a algunos os haya parecido poco científico, muy pasional y subjetivo e incluso en algún momento algo tedioso pues ciertamente es repetitivo. Podrían eliminarse unas 50 páginas y su mensaje quedaría intacto. Pero este humanista está tan convencido de la idea que defiende: el derecho a la libertad de pensamiento y de opinión y su oposición a la intolerancia y a los regímenes totalitarios, que no se cansa de repetirla, eso sí, con argumentos y frases diferentes, pero siempre, y ahí es donde se demuestra su calidad, de una forma lúcida y argumentada y con un estilo culto y elegante, además de totalmente entendible.
Para explicar el principio de la libertad de conciencia y como ésta es vulnerada sistemáticamente a lo largo y ancho del planeta por aquellos extremistas ansiosos de poder, incapaces de respetar y tolerar otras formas de pensar, el autor se ha servido de una personalidad concreta: Calvino, quien instauró la Reforma protestante en Ginebra a mediados del siglo XVI y que luego extendió a otros ciudades e incluso otros países.
Se sirve también de un hecho puntual en su siniestra historia: el encarcelamiento y ejecución de Miguel Servet, hombre impulsivo, provocador y apasionado que se atreve a contradecir algunos principios calvinistas, por lo que es perseguido y finalmente encarcelado y asesinado de forma atroz. Por último, la respuesta racional, y sobre todo valiente de un humanista Castellio, que ya no puede callar ante la injusticia y la tiranía ejercida por el fundamentalista Calvino.
La imposición ideológica cuando está institucionalizada y se ejerce desde el poder a través de todo tipo de coacción y violencia, es tan antigua como el propio orden social. No recuerdo donde, leí lo siguiente: "si alguna vez existiera en la Tierra, un solo credo, una sola ideología, una única religión, al poco tiempo se habría escindido como mínimo en dos facciones antagónicas que estarían luchando por imponerse la una sobre las otras".
Para nuestra forma de pensar o, para mi forma de pensar, que Miquel Servet y tantos otros, fueran ejecutados por interpretar aspectos de La Biblia de forma diferente, me resulta incomprensible, pero si aceptamos que en el trasfondo de cualquier ideología, en este caso religiosa, se hallan casi siempre motivos económicos y, más aún, una necesidad irracional de poder por parte de los que se sienten en posesión de la Verdad más absoluta, pues creen recibirla directamente de “Dios”, se comprende que intenten imponerse y ataquen a los que disienten y no se someten, si es preciso de forma violenta, pues solamente ellos son los elegidos, los transmisores y ejecutores del mandato divino.
La condición para impulsar y extender la Idea es la dedicación en cuerpo y alma a la “causa” y la no aceptación de ninguna fisura ni cambio alguno en la ortodoxia. Para ello, el dictador precisa de un grupo de apoyo, y, unos de buena fe, y otros porque han sido beneficiados de alguna manera, acaban formando un grupo férreo, cerrado, donde la primera norma es la lealtad a la Idea pero principalmente al Ideólogo.
Inicialmente se dirige a una sociedad debilitada espiritualmente con dudas acerca de sus valores tradicionales y predispuesta por tanto, a aceptar una ideología nueva y fuerte, que se percibe como una opción de cambio y sobre todo, de mejora. Para que el sistema funcione, tiene que regirse por una serie de normas y cuanto más rígidas y difíciles de cumplir, más sensación de poder obtiene el tirano y más perplejidad y temor genera entre los ciudadanos.  Cuando la ciudadanía empieza a darse cuenta de su error, el miedo a los castigos que les son infringidos por incumplir los rígidos preceptos  ya los ha paralizado y ha acabado por destruir sus principios éticos más básicos.(tema de las denuncias etc)
En cuanto surgen las primeras disensiones, hay que atajarlas como sea y la espiral de violencia no tiene fin. Cuando se han sobrepasado ciertos límites, ya solo queda el horror. El temor del dictador a perder el liderazgo, y más aún, el temor a las represalias si su situación se debilita, da lugar a unos seres paranoicos que ven conspiraciones en todas partes lo que les lleva a represiones brutales, no solo contra los que han osado enfrentarse abiertamente, sino también contra los que callan y hasta contra los indiferentes. Pero, frente a los gobiernos totalitarios del terror siempre acaban por aparecer otras voces, individuales o colectivas que se rebelan aún a costa de su propia seguridad.
Al menos, es lo que cree el autor cuando en el último capítulo nos deja esos párrafos esperanzadores: "El espíritu de la evolución sabe siempre servir a sus secretos fines: el eterno progreso toma de todo sistema, únicamente lo provechoso y arroja tras de sí todo aquello que paraliza. Las dictaduras, en el gran proyecto de la Humanidad, suponen solamente una corrección a corto plazo y lo que de modo reaccionario pretende paralizar el ritmo de la vida, tras un breve retroceso, en realidad no hace más que impulsarlo aun con mayor energía."
En nuestra cultura, con todos sus maravillosos logros hay otra forma de imposición, no física, no explícita, pero muy intrusiva que intenta imponernos un sistema alienante que nos aleja de nuestros logros más importantes como seres humanos
pensantes. Cada vez más, cuestionamos solamente aquello que nos dicen que debemos cuestionar y cómo debemos cuestionarlo. Nos apabullan de información, pero estamos perdiendo la capacidad de discernir. Dependemos de un sistema de redes sociales que nos aprueba o rechaza mediante absurdos emoticones sin mediar argumentación alguna. Manipulan nuestra forma de pensar y de actuar pues poseen millones de datos sobre nuestras supuestas libres elecciones y, de tal forma nos conocen, que los nuevos totalitarismos no necesitan violentarnos, simplemente con nuestra ignorante aquiescencia, nos inducen a pensar, sentir y actuar en la forma que mejor les conviene.
En este progreso imparable del Proyecto Humano que decía Zweig me parece que nos estamos alejando, sin apenas darnos cuenta, de las cosas fundamentales: el sentido crítico, el razonamiento, el debate argumentado y serio, el sentido común, todas aquellas cualidades esencialmente humanas que tanto nos costaron adquirir y que ahora quizá nos tocaría, si es posible, defender, como hizo Castellio en su momento.

Breve biografía de Stefan Zweig (extraída de “El suicidio considerado como una obra de arte” de A. Priante.

Nace en  Viena el 28 de noviembre de 1881 en el seno de una familia judía dedicada a la industria. El hecho de ser de origen judío no fue para él , durante casi toda su vida, más que un dato histórico-cultural de interés relativo. Fue en sus últimos años cuando ese dato se convirtió en culpa. Para él y para millones de europeos.

Pero el principio de su vida no pudo ser más dichoso. Zweig perteneció al escasísimo número de seres humanos que pueden abandonarse sin  ningún obstáculo, -familiar, social o económico- a la clase de vida que su naturaleza les pide. Una clase de vida, además que es quizá la más noble y agradecida de cuantas uno se pueda imaginar, el cultivo del arte y de la cultura.

Eran tan grandes sus deseos de ser y de saber que, de adolescente, no tenía ni idea de la rama concreta que había de estudiar. Se decidió por la filosofía, seguramente porque le pareció una materia lo suficientemente abstracta y humanística como para permitirle el acceso a mundos y formas de pensar interesantes que intuía existían. Apenas asistió a clase. Se licenció y continuó entregado al estudio de la cultura universal y a la creación poética que era lo que por entonces le absorbía. Y empezó a viajar.

Viajar fue una de sus grandes aficiones.  Zweig era lo que por aquel entonces se llamaba un “cosmopolita”. Viajó por casi todo el mundo, pero en el país donde pasó más largas temporadas fuera de su Austria natal, fue en Francia. París era para él, el mundo de la luz, de la cultura, de la alegría, de la eterna juventud como tristemente había de recordar, cuando años después escribiese sus memorias en América, mientras la bandera de la cruz gamada colgaba de la Torre Eiffel.

Pero en su juventud eran tiempos dichosos y recién acabada la carrera se instala en Francia y allí profundiza en la poesía de última hornada totalmente desconocida en Viena. La poesía es su interés principal en aquel tiempo y en 1901 publica un libro de poemas “Cuerdas de plata”.

Pero entre sus múltiples y variados intereses no es el de la poesía el que finalmente se impondrá. Su gran curiosidad se va concentrando en torno a uno de los fenómenos más extraños de la Naturaleza: el ser humano. Y esta afición a desentrañar los misterios, a descubrir las claves de la conducta humana, le llevará a cultivar un tipo de literatura muy característica, donde lo psicológico juega un papel fundamental sin oscurecer la gracia y el talento de su escritura.

Zweig escribe su primera novela hacia 1910, y con ella, a los 29 años se revela como un maestro de la introspección de los personajes y en el trazado de las sensaciones, las dudas, los temores de los seres humanos que pueblan sus relatos. Se titula “Ardiente secreto”. A esta seguirán muchas otras bien conocidas por todos nosotros y que luego mencionaré.

En 1914 el mundo alegre y confiado que era Europa y no solo la idílica Austria imperial, estalla de repente. Un extraño fervor, desconocido hasta entonces, surge de las cancillerías y se propaga por las calles y plazas de pueblos y ciudades: el patriotismo combativo. De repente ciudadanos de Europa que compartían los mismos gustos, la misma cultura, la misma historia, ciudadanos que atravesaban fronteras comunes sin pasaporte ni DNI, se vieron divididos. Eran enemigos.

A diferencia de otros muchos intelectuales y artistas seducidos por las marchas militares y la poesía épica de sus pueblos respectivos, Zweig no tardó en denunciar la locura de la guerra. Fue movilizado pero consiguió que lo destinaran a un archivo militar. A la primera oportunidad huyó a Suiza, donde, en contacto con otros intelectuales, luchó activamente por la paz. Allá mismo estrenó su drama “Jeremias”,  enérgico alegato antibelicista.

Terminada la contienda y con ella aquel maravilloso mundo feliz, el mapa de Europa en 1919 no tenía nada que ver con  el de antes. Los imperios centrales no existían y en su lugar empezaron a dibujarse nuevos contornos con sus propios nacionalismos que pronto serian  aplastados por otros nacionalismos más poderosos y contundentes. Y es que los vencedores de aquella guerra fracasaron vergonzosamente en la paz. Las condiciones que impusieron a los vencidos fueron el caldo de cultivo donde se incubó la segunda gran guerra.

Pero de momento en Europa había concluido la locura fratricida y S. Zweig se instaló en un pequeño castillo de las afueras de Salzsburgo, dispuesto a seguir la tarea creadora. La creación fue esplendida. Sin  renunciar a sus viajes y a una vida social bastante intensa, el retiro en Salzburgo donde permaneció con su esposa durante 15 años, supuso su más intenso trabajo literario y su afianzamiento como uno de los autores más leídos y traducidos de Europa y América.

Títulos como Carta de una desconocida, 24 horas de la vida de una mujer, Amok, Los ojos del hermano eterno, La impaciencia del corazón , Noche fantástica, etc. ocuparon en pocos años todas las librerías del mundo. Y casi lo mismo se puede decir de su obra biográfica o histórica: Maria  Antonieta, Fouche, Momentos estelares de la humanidad, etc.

En los años 20 Austria se recupera rápidamente aunque el Imperio ha desaparecido para siempre y lo que le sustituye es un estado de dimensiones modestas, una pequeña república en el corazón de Europa pero en el que el arte, la ciencia, la literatura florecieron de nuevo o continuaron su desarrollo.

Judío, amigo de Sigmun Freud y de otros intelectuales afines, cosmopolita, con un pensamiento ajeno por completo a cualquier tipo de alucinación racista o nacionalista y fuertemente anclado en los valores de la cultura y la libertad, estaba claro que S. Zweig iba a ser una de las bestias negras del nacionalsocialismo. Cuando en 1933 Hitler se hace con el poder en Alemania, los libros de Zweig, junto con los de otros muchos no solo se prohibieron sino que fueron quemados. En el nuevo orden no cabía la literatura libre, ni el pensamiento libre, ni nada libre.

Todo ello decidió a nuestro autor a hacer las maletas y trasladarse a Londres. Su esposa no le siguió. Como tantos austriacos no compartía el pesimismo del marido. Pasó muy poco tiempo para que los hechos le dieran la razón. En 1938 Alemania se anexionó Austria. Los viajes esporádicos que realizaba Zweig para visitar parientes y amigos se acabaron. Se había convertido en un apátrida. El resto de su tiempo lo pasó en Londres y en America del Norte y del Sur donde finalmente se instaló en la ciudad brasileña de Petrópolis. Allí seguía escribiendo, seguía comunicándose, pero cada vez era todo más difícil.

Si consiguió recuperarse de la primera Guerra, para la segunda no le quedaban mecanismos de defensa. El 23 de febrero de 1942 fueron hallados los cuerpos sin vida de Stefan y de su 2ª esposa Lotte en su casa de Brasil. Fue un suicidio en pareja. Los bárbaros habían arrasado la Tierra pisoteando toda brizna de humanidad y de esperanza.

Eugenia Cisneros


viernes, 29 de diciembre de 2017

FIN DE AÑO


(Se acerca el fin de año. Sin duda, este que se va, ha sido un tanto siniestro  por los avatares de la política. El “pruces” lleva meses ocupándonos la conciencia de forma irremediable con la enorme pérdida de tiempo que supone. Un coste inmenso.
La enfermedad de Alzheimer se caracteriza por dos lesiones específicas : la degeneración fibrilar de nuestros nervios que se tornan rígidos e inoperantes y la formación de placas seniles , especie de recogida de desechos inútiles de neuronas muertas, algo así como múltiples basureros microscópicos diseminados por nuestro cerebro. Su presencia es el testimonio de la muerte y desaparición de nuestras neuronas, lo mejor de nosotros.
Pues bien, “el pruces” invade constantemente nuestras neuronas, las intoxica, las envenena o las mata por aburrimiento. Estoy seguro de que una biopsia cerebral de los habitantes de este país mostraría un incremento anómalo de las degeneraciones fibrilares de Aloysius Alzheimer y de las placas seniles.
¿Qué hacer?. Como amigo vuestro que soy os recomiendo con fervor que sigáis leyendo. Ahora más que nunca . Es la mejor solución para neutralizar los nefastos efectos del “pruces” sobre nuestra inteligencia, si es que alguna nos queda.
Por si os sirve, esta es una web de libros, os hago un par de recomendaciones .)


En el café de los existencialistas, Sarah Bakewell, Ed. Ariel. También se subtitula : Sexo, café y cigarrillos o cuando filosofar era provocador. Es un repaso a la ideología existencialista que tuvo su apogeo en los años 40 y 50 del siglo pasado. Sus orígenes : Kierkegard, Husserl, el nazi Heidegger, Jaspers (escribió un tratado de Psicopatología nunca superado), sus difundidores sobre todo franceses : Merleau-Ponty, Sartre, Simone de Beauvoir, por supuesto Albert Camus y otro sin fin de personajes más o menos conocidos. Bueno, explicar a Heidegger no es nada ameno, al menos para mí, pero la mayor parte del libro se entiende bien, cuenta anécdotas divertidas de los personajes. Para mí es un repaso de la ideología más influyente en mi juventud. En mi caso, a través de Camus. Aquello del mito de Sísifo : El castigo está en la conciencia porque descubre la ausencia de sentido. Una vez alcanzada la cima, la enorme piedra vuelve a caer . La clarividencia del absurdo es al mismo tiempo la victoria, su esfuerzo da sentido a una tarea inútil. El camino es más importante que la meta. “El esfuerzo mismo para llegar a la cima basta para llenar el corazón de un hombre. Hay que imaginarse a Sísifo dichoso” dice Camus. La dicha y el absurdo son dos hijos de la misma tierra. Nadie puede arrebatar a Sísifo su satisfacción íntima.

Un best seller con numerosas ediciones, es de Siruela :  Imperiofobia y Leyenda negra , con el subtítulo Roma, Rusia, Estados Unidos y el Imperio español. La autora es una profesora malagueña, pero que también estuvo en Harvard, María Elvira Roca Barea. Hace la distinción entre imperio y colonia, para mí muy importante. Repasa la historia de los imperios romano, norteamericano y ruso, y sus correspondientes leyendas negras para después centrarse en España desde la época imperial propiamente dicha hasta nuestros días. Recordad que Carlos V fue emperador del Sacro Imperio Romano, algo completamente medieval. El título de Imperio no guarda ninguna relación con la conquista de América . Fue un Imperio más bien inconsciente…Cuando vuelvo a leer que la famosa Inquisición causó muchas menos víctimas en España que la persecución de los católicos en la civilizada Inglaterra o que la quema de brujas en los países protestantes, mejora mi autoestima. Y respecto a la emigración a América basta con enumerar cuanta población autóctona reside aún en América del Norte (¿unas reservas?) o en América del Sur.  A estos te los encuentras tranquilamente en todas partes. Y a poco interés que tengáis, buscad y leed el testamento de Isabel la Católica, mi paisana…

No os aburro más. De todo corazón, muy buen año y mejores libros.

César.


sábado, 30 de septiembre de 2017

DE LA ULTIMA TERTULIA

           (Nuevamente en tiempos atribulados acudo a esta web consoladora. ¿Por qué atribulados?. Si los curas hacen proclamas políticas, como en tiempos de los carlistas, o se cita a los niños en los colegios para hacer “la fiesta de los pijamas”, mi cerebro se hunde en la miseria. Respecto a lo primero, lo tengo claro, mi propia Religión me prohíbe volver a entrar en una Iglesia en esta ciudad. Respecto a lo segundo , me dedicaré en cuerpo y alma estos días a cuidar de mis nietos ya que está este mundo lleno de violadores de-mentes. Juntad  la preposición y el nombre si queréis. Así que vamos a aturdirnos en la literatura como en una orgia perpetua única manera de soportar este periodo de la existencia).


                La edad no perdona. El caso es que con el paso de los años si eres lento de pensamiento te llegan las ideas con más minutos de retraso  ; si eres un poco sordo te vuelves bastante sordo; si la mesa de la tertulia te parecía larga, ahora ya es kilométrica…Aun así, la última tertulia fue espectacular ya que la calidad de Juan Pablo Villalobos como pedagogo y conferenciante absorbe y abduce la atención de los que tuvimos la suerte de estar allí. Pocas veces en tan poco tiempo nos han explicado los diferentes procesos de la construcción de una novela  : el tema, los personajes, el estilo, el ritmo y otros mil detalles que se me escapan. Este chico vale mucho.
                De vuelta a casa pensaba en el comentario acerca de la posibilidad de que en el futuro cambie el canon literario y que las que ahora tenemos por obras maestras sean sustituidas por otras. Por supuesto que no lo sé y no lo veré. Creo, sin embargo, que nuevas obras no deben usurpar el puesto de las antiguas. El cine de Tarantino no invalida el de Ford, por citar a un clásico. El Padrino permanecerá, y, también la saga de Bourne con su estética de videoclip. En el primero, también saga, las emociones vienen a oleadas, te identificas y reconoces a los personajes, los diálogos, como buen cine, no son muy abundantes, pero son necesarios. En Bourne, yo lo he hecho, podéis probar a verla sin sonido , se entiende igual y os sigue manteniendo atados a la pantalla. Eso significa que como cine o sea lenguaje de la imagen, es excelente. Carol, de Todd Haynes, director de pocas películas, pero esta os la recomiendo de forma encarecida, filma como Minnelli y el resultado es una maravilla. ¿ Cómo clasificar La gran belleza de Sorrentino?. Increíble mezcla del Renacimiento, el Barroco y el Decamerón trasladado al siglo XXI…El tema es inagotable y podíamos seguir horas .
              Me parece que el problema o uno de los problemas subyacentes es “el tempo”. Tarantino debe entusiasmar a los que manejan el móvil con una mano mientras recogen el billete en la puerta de entrada del metro con la otra y , sin apartar la vista del móvil, vuelven a teclear con las dos manos en cuanto pasan la puerta. Es un ritmo febril, asombroso, trata de ir por delante del tiempo. Fantástico. Seguro que las palabras que escribe son fragmentadas o sólo siglas, la sintaxis suprimida y posiblemente el mensaje indescifrable para el que no esté al tanto de ese código. Si fueran a ver La gran belleza, por equivocación, claro, se saldrían a los diez minutos de haber comenzado.
 No voy a pedirle a nadie que me crea, lo equiparo a la estética de Bourne . No es “realista-costumbrista”, el  propio autor nos lo ha dicho. Su imaginación crea peripecias bastante inverosímiles, aunque a veces la realidad supera a la ficción, no divaga, los personajes son caricaturas posiblemente de otros perfectamente reales, las situaciones se van encadenando con su propia lógica a un ritmo apreciable.
Me llamo Lucy Barton, estaría en la línea estética de la película Carol, película de miradas, gestos, alguna confidencia, breves resúmenes de circunstancias anteriores, sentimientos a tope, empatía segura.
¿Cambiará el canon?. Guerra y paz, El Quijote, Rojo y negro, Madame Bovary, El Gatopardo y tantas otras, ¿dejarán de gustar?. Ellos se lo perderán. Mi experiencia me dice que la lectura es la actividad que me ha producido más satisfacción durante más tiempo, y, como ahora todo tiene que valorarse así, con menor coste económico. Que no me falte.


César.

viernes, 18 de agosto de 2017

HISTORIA DE DOS TORTUGAS

          (Está mediado Agosto. El blog permanece en silencio. Andaréis todos por ahí en solaz y contento. Mientras la barbarie ataca de nuevo en un punto hipersensible de nuestra ciudad. La vida va a seguir. El mundo a trompicones todavía aguanta. A uno, ya bastante baldado, un palo de estos le deja casi lisiado permanente. El ejemplo de las tortugas me sirve de consuelo.Espero que también os sirva a vosotros.)

                 A uno le gustaría escribir Historia de dos ciudades, o, al menos, Historia de dos pueblos, o, ya puestos, Historia de dos mundos o, ¿por qué no ?, Historia de dos universos porque nadie ha demostrado que sólo exista uno. Pero si mis ambiciones son muchas, mis limitaciones son más, así que me conformo con contaros la Historia de dos tortugas, historia verdadera que, como veréis , está contada desde mi formación, escasa, pero científica.

                Es el caso que a un pariente de mi mujer, allá por los años 50 del siglo pasado, le tocó, el destino de la mili se sorteaba, de ahí le tocó, cumplir sus deberes con la patria en Melilla. Al cabo de los dos años de rigor y pensando que agradaría a su familia, se trajo una preciosa tortuga de tierra para que habitara en el patio, jardín, corral, pues todas esas funciones cumple, de la casa de su abuela. Y en aquel lugar ha ido sobreviviendo y asistiendo al cambio de generaciones. Si la casa está habitada se le da alguna golosina, hojas de lechuga, por ejemplo, pero la mayor parte del año sobrevive con sus propios recursos y , hasta el presente, con buen estado de salud.
Años después, quizás a comienzos de los 60, el padre de mi mujer, hombre cabal, que vivía y trabajaba en Barcelona, pagaba sus impuestos, y la hipoteca de un piso comprado a un constructor catalán, en fín, un hombre formal, de los de antes, pasaba el mes de vacaciones en la casa de su suegra. Con su buen corazón pensó que la tortuga no debía estar sola y al año siguiente la proporcionó una compañera adquirida en Las Ramblas. Entonces estas adquisiciones  eran normales. La catalana es un poco más pequeña que la provinciana de Melilla. Se las distingue perfectamente. A partir de ahora una será la Provi y otra la Cata.
Pues bien, tengo bien observado que la Cata persigue a la Provi con ahínco, la acosa, la mordisquea, incluso, a veces, consigue darla la vuelta. Imaginaros lo difícil que es para una tortuga enderezarse de nuevo. Pero otras veces la Cata se sube encima de la Provi con cara de embeleso y la Provi, a trancas y barrancas, la soporta. Acuciado por el interés científico me puse, modestamente, a investigar si la Cata y la Provi eran homo, hétero o bisexuales. Entonces saqué a la luz los siguientes hechos tortuguiles :
- Los machos son un poco más pequeños que las hembras.
- El plastrón, o cubierta inferior del caparazón de la tortuga, en la hembra es plano y en el macho ligeramente cóncavo.
- Armado de valor examiné a ambos animalitos y confirmé lo que ya sospechaba. La Provi es hembra. La Cata es macho, en igualdad de géneros, tortugo por lo tanto. De hecho la Provi el verano pasado puso dos hermosos huevos que, por desgracia, no llegaron a buen término.
Os confieso que aclaradas estas circunstancias mi espíritu se serenó mucho. La agresividad de la Cata, ahora ya el Cata, me tenía soliviantado. Entendidas sus razones amorosas ahora, sin embargo, lo veo como un idilio a imitar. No os podéis hacer ni idea lo tiernamente que duermen, desde la puesta de sol hasta las 10 de la mañana, por lo menos, el Cata abrazando a la Provi, debajo de un emparrado, detrás de una maceta y, en días de calor, en el rincón más fresco, inseparables.
Un problema colateral por resolver que da lugar a interminables discusiones familiares es si en el mes que convivimos con ellas les damos caprichitos o no ( lechugas, tomates, etc…). Mi tesis es que nada de caprichos ya que están habituadas a mantenerse en regiones esteparias. Los caprichos podrían alterar sus gustos, reblandecer su carácter y, por lo tanto, su capacidad de supervivencia. De momento ya han enterrado a dos generaciones de humanos y ahí siguen,sin caprichitos. La vida mesetaria es dura y hay que saber adaptarse. Pero ya conocéis el buenismo contemporáneo que trata de asemejar a todos los seres vivos a Barbies… Confirmación de mi tesis de que cada día que amanece el número de tontos crece, y esto enlaza con la canción del verano. Pero esta es otra historia.

Un servidor, por ahora, se queda con el amor fecundo, ejemplar, de la Provi y el Cata. Dicen que las Provis pueden retener los espermatozoides de los Catas más de 300 días, para así fecundar sus huevos en cualquier momento, nada de desperdicios. Creo que en lo esencial es una relación perfecta que justifica su unión por los siglos de los siglos. Y todo lo demás son tonterías.


César.

lunes, 10 de julio de 2017

DIVORCIO EN BUDA de Sandor Mari

El proximo 27 de julio de 2017 nos reuniremos para comentar el libro:

DIVORCIO EN BUDA

Sandor Marai
Salamandra. Quinteto.

Presentado por Eugenia




Divorcio en Buda

Sandor Marai

Trad. J. Xantus. Salamandra. 190 págs., 11’50 euros
ÁLVARO DE LA RICA | 26/09/2002 |  Edición impresa

A pesar de que existe un cierto paralelismo entre ellas, sería un error comparar Divorcio en Buda con El último encuentro, aquella novela de Marai que tanto ha significado para miles de lectores españoles que se han ido susurrando aquel feliz hallazgo como quien entrega un tesoro.

Novela de estructura compleja, en la que las formas narrativas se fuerzan hasta el límite de lo posible, Divorcio en Buda aparece como una simple historia de amor. Un juez matrimonial se encuentra con un expediente de divorcio que concierne a un compañero de clase casado con una mujer a la que por un instante el juez había amado y con la que podría haberse casado él mismo. El narrador dedica más de la mitad de la novela a la morosa descripción del juez y sus circunstancias.Cercano el fin de la obra, la trama da un giro inesperado. El marido encausado se presenta de noche ante el juez y colega de estudios, y le cuenta que ha matado a su mujer -en realidad se ha limitado a no impedir su suicidio- pero, sobre todo, le explica que lo ha hecho porque ella le había confesado que nunca le quiso, que su vida estaba tocada por una radical falsedad en la medida en que ella había amado siempre al juez. El climax se alcanza en los últimos instantes de la obra cuando el marido burlado quiere saber si en el espíritu del juez existe o no un vacío semejante al que anidó su esposa.

Marai no resuelve la cuestión planteada y acaso sea esto su mayor grandeza, el sello de que se trata de un verdadero artista, capaz de sondear el alma humana y de captar las preguntas definitivas que nos conciernen, aquellas que no se pueden zanjar con una respuesta.
 

viernes, 2 de junio de 2017

CARSON Y REEVES, UNA HISTORIA TENEBROSA. La extraña relación entre Carson MacCullers y Reeves McCullers

CARSON Y REEVES, UNA HISTORIA TENEBROSA.
Fue en París donde Reeves McCullers se suicidó. Era el mes de noviembre del año 1953. Según parece lo había anunciado en varias ocasiones. Al menos así lo recuerdan algunas de las personas que le conocieron. Entre ellas el dramaturgo Tennessee Williams, íntimo amigo de su mujer, la novelista Carson McCullers. Y por ese anuncio Williams lo justificó. Carson y Reeves vivían por segunda vez en Francia porque para ellos era un país más acogedor que los Estados Unidos y era un país muy querido por Reeves. Durante la II Guerra Mundial, Reeves se convirtió en Francia en un héroe de guerra. Participó en el desembarco de Normandía, sobrevivió a las ametralladoras alemanas y se hizo acreedor de varias condecoraciones después que fuese herido y retirado del frente con el grado de teniente. Aparte de este exitoso periplo bélico, el propio Reeves consideraba que su vida había sido un estrepitoso fracaso. Truman Capote no lo explicaba de la misma forma que Teneesse Williams. Culpaba de alguna manera a Carson. Capote era amigo de Reeves al que conoció por ser el marido de Carson. Al principio él y Carson tenían una excelente relación, pero ésta le acusó con dureza de copiar los argumentos de sus novelas por lo que se distanciaron y acabaron por profesarse una aversión mutua imposible de superar. Capote, que vivía entonces en París, había invitado a Reeves a cenar la noche de su suicidio porque conocía la horrible depresión en la que había caído cuando Carson dejó Francia y volvió a los Estados Unidos sin siquiera despedirse. Se decía que Capote estaba enamorado de Reeves, pero no supo interpretar lo que éste quiso transmitirle cuando ese mismo día, al rechazar su invitación, le dijo que estaba a punto de atravesar la laguna Estigia. Unos culpaban del suicidio a Carson y otros al propio Reeves.
Para desentrañar este embrollo hay que retroceder dieciocho años y viajar hasta Columbus, una pequeña ciudad de Georgia, en lo más profundo del profundo Sur. Allí vive la inquieta jovencita Lula Carson Smith. Allí vive también, en la base militar de Fort Benning al lado de Columbus, un joven cabo, culto, sensible y con vocación de escritor, llamado Reeves McCullers. Carson va semanalmente a la base militar a recibir clases de piano de la señora Mary Tucker, esposa de un comandante. Quiere ser concertista de piano y la señora Tucker la anima porque aprecia en ella condiciones para serlo. Allí, en el año 1935, Carson conoce al cabo Reeves, cuatro años mayor, y entre ellos nace una profunda amistad. Un tiempo después la joven Lula Carson, de 18 años de edad, se traslada a estudiar piano a Nueva york, pero en una decisión incomprendida por quienes la conocen, resuelve dejar la música y empieza a tomar clases de escritura. A partir de entonces la determinación de ambos de ser escritores les une aún más. En el año 1937 se casan, pero ninguno de los dos dispone de ingresos para vivir con independencia de sus familias. Reeves deja el ejército y ambos se van a vivir a Charlotte, en Carolina del Norte, dónde él ha conseguido un empleo que les permite sobrevivir.
En Charlotte Carson empieza la redacción de una novela. Reeves debe trabajar todo el día para mantener a la pareja. Llegan al acuerdo de cada uno
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escribirá durante un año y trabajará otro. Esta alternancia permitirá a los dos desarrollar su vocación de escritores. Cuando regresa por la noche del trabajo, Reeves lee todo lo que ha escrito Carson, le comenta sus impresiones y le formula sugerencias. El manuscrito avanza a gran velocidad. En menos de un año está esbozado en su totalidad y escritos bastantes capítulos. Carson hace un largo y excelente esquema de la novela, que lleva por título “El mudo”, y lo envía a un editor. En ese esquema están descritos los temas, los personajes protagonistas y secundarios, las interrelaciones entre los personajes, la estructura general y un resumen. Explica también el espacio, el tiempo y la técnica empleada. El esquema convence al editor, que le envía un contrato acompañado de un cheque de quinientos dólares en concepto de adelanto. Por este adelanto justifica Carson el incumplimiento de su acuerdo con Reeves para alternarse en la escritura y el trabajo. En cuanto a la novela, Carson sólo acepta un cambio de los propuestos por el editor. Cambia el título. “El mudo” es sustituido por “El corazón es un cazador solitario”. Se trata de un verso del poeta William Sharp: “El corazón es un cazador solitario, en una colina solitaria”. La novela está dedicada a sus padres y a Reeves McCullers, pero éste aparece en primer lugar. Además, Carson toma la decisión de adoptar como escritora el apellido de su marido que conservará durante toda su vida.
El corazón es un cazador solitario es una gran novela. Probablemente la única gran novela que escribió Carson McCullers. Y la escribió muy rápido cuando tenía algo más de veinte años. Resulta sorprendente a esa temprana edad el exquisito rigor de la técnica, el estilo literario elegante y preciso, el poderoso desarrollo de los personajes principales y secundarios. Pero sobre todo resulta sorprendente el mundo que crea. El lector se sumerge en este mundo y vive su cotidianidad de una manera apasionada. Eso se produce porque la novela es técnicamente perfecta. El tema principal de la novela es “la rebeldía del ser humano contra su aislamiento interior y la necesidad que siente de una expresión personal e individual lo más plena posible”. El personaje de Mick Kelly es la propia Carson McCullers. Una adolescente frágil soñadora, inteligente pero bastante desubicada. La gran creación de la novela es el personaje del mudo, John Singer, una persona de enorme sensibilidad humanista que seduce a cuantas personas le conocen. Sin casi poder comunicarse, recibe las confidencias del resto de los personajes. Es una novela coral basada en la multiperspectiva. La propia autora explica la técnica con las siguientes palabras: “La forma utiliza siempre el contrapunto musical. Hay un estilo distinto por cada uno de los personajes a los que se trata de manera subjetiva y objetiva. Cada uno de estos personajes es una totalidad en si mismo, pero su personalidad adquiere nueva amplitud cuando se le contrasta y entreteje con los otros personajes del libro”.
La cuestión que se ha planteado numerosas veces es dilucidar si se trata de una novela escrita en exclusiva por Carson MacCullers o hay intervenciones decisivas de Reeves. Hay quien plantea la tesis más radical e imposible de que la novela fue escrita por Reeves con aportaciones de Carson. Lo cierto es que Carson es una joven inquieta y soñadora, pero no se le conoce una sólida conciencia política. Esa conciencia, que se refleja de manera tan brillante como precisa en la novela, se refiere a la pobreza del Sur, las condiciones miserables de los trabajadores de las fábricas. Pero, sobre todo, la segregación brutal de los negros. Que Carson fue durante toda su vida una mujer progresista, abanderada de los derechos de los negros y los trabajadores, era una evidencia para todo el que la
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conocía. Pero hay dos personajes en la novela que requieren un profundo conocimiento de esa conciencia política que ella en aquel momento no podía tener: El doctor Benedict Mady Copeland es un médico de color, ya mayor, educado y de un gran refinamiento intelectual que se deja la vida por ayudar los miembros negros de su comunidad, aunque finalmente fracasa tanto a nivel familiar como político; es un marxista convencido de que la única posibilidad que le queda a los negros es la lucha revolucionaria; es la misma idea que guía a Jake Blount, un trabajador joven que se desvive por difundir entre los trabajadores la convicción de que el capitalismo debe ser abolido. Cuando se conocen Carson y Reeves, es éste último, como lo fue hasta su suicidio, el hombre cultivado con mentalidad revolucionaria. La intervención de Reeves en la creación de estos personajes es indudable. El protagonista por antonomasia, John Singer “el mudo”, según cuenta la propia Carson, procede de una iluminación, como ella llamaba a sus momentos de inspiración, que le permitió estructurar la novela en torno a ese personaje. La novela es, sin duda, creación de Carson, pero sin la presencia y las aportaciones de Reeves no habría conseguido ese grado de perfección técnica y capacidad de seducción. Lo cierto es que la temática política no vuelve a aparecen en las obras de Carson, salvo, de forma indirecta, en dos párrafos de diez líneas cada uno en la novela Frankie y la boda. Muchos años después, Carson explicará a su psicoanalista y amiga Mary Mercer, en una conversación grabada, lo siguiente: “Reeves era como un tesoro para mí en la época en la que yo estaba escribiendo ‘El corazón’ y ‘Reflejos’. Reeves leía y daba su opinión sobre cada uno de los capítulo según yo los iba escribiendo”.
Tras la publicación de esta novela, que tuvo una gran repercusión y convirtió a Carson en una novelista conocida y prestigiosa, empezaron la desavenencias entre la pareja que concluyeron en divorcio unos meses después. Antes del divorcio Carson va haciendo aflorar su complicada personalidad. Se traslada a vivir a una casa de Brooklyn en compañía de un numeroso grupo de intelectuales y artistas. Se trata del poeta W. H. Auden, el compositor inglés Benjamin Britten y su pareja el tenor Peter Pears, el escritor Paul Bovles, y muchos otros. En el mismo año 1940 Carson publica su segunda novela: Reflejos en un ojo dorado. En ella describe el mundo militar de Reeves relatando en clave de ficción una historia que éste le contó: un soldado de la base militar de Fort Benning tenía la costumbre de entrar de noche en las casas de los oficiales para contemplar a sus mujeres mientras dormían. Esta novela se escribió en Columbus en el tiempo record de dos meses. Se dice que Reeves no intervino. Pero es seguro que lo hizo, aunque no de la manera tan profunda como en la primera. Le había explicado la anécdota, incluidos los detalles de la vida en una base militar dentro de los cuarteles, que Carson no podía conocer. Como en la anterior novela, se relatan la vida de personajes extraños y desubicados con psicología complejas y soledades imposibles de resolver. Pero la magia de la anterior novela no aparece del todo en ésta. Es un texto atractivo pero sin pulir. Los personajes son fascinantes. Tanto, que el lector puede tener la tentación de sumergirse un su mundo. Pero, así como en El corazón es un cazador solitario, se produce una suspensión inmediata de la incredulidad a pesar de tratarse de una novela con narrador omnisciente, en Reflejos resulta bastante difícil de conseguir esas suspensión porque la perfección técnica se ha debilitado y lector debe detenerse con frecuencia a preguntare cómo sabe el narrador todo lo que sabe sobre cada uno de los personajes por separado,
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sus momentos de soledad, sus reflexiones íntimas. Falta una sólida estructura que cohesione el conjunto.
Mientras tanto, Reeves reingresa en el ejército que lo destina a combatir en Europa. Antes de partir, la pareja retoma sus relaciones tras el divorcio. Deciden volverse a casar, pero Carson considera que es mejor esperar al regreso de Reeves. También antes de su partida, ambos continúan su viaje sin retorno al mundo del alcohol. Durante la estancia de Reeves en Europa se escriben numerosas cartas, de las que se han salvado algunas que se publicaron por expreso deseo de Carson junto con su libro de memorias Iluminaciones y fulgor nocturno. En esas cartas ambos se demuestran un afecto tierno y auténtico. Se trasluce que se añoran y se necesitan. Tras el regreso de Reeves se vuelven a casar, cosa que la mayoría de las personas que les conocen no llegan a comprender. Ambos son homosexuales. Carson, como decía su hermana Rita, es una persona “asexuada” y reacia por tanto a mantener relaciones sexuales regulares. En la novela Frankie y la boda, dice Frankie Adams, el personaje principal, alter ego de Carson,: “Me gustaría un mundo en el que la gente pudiera instantáneamente pasar de chico a chica o viceversa todas las veces que quisiera hacerlo. La gente debería ser mitad chico y mitad chica”.
Desde principios de los años cuarenta, la vida de Carson se puebla de lo que Reeves llama “los seres imaginarios”. Son enamoramiento súbitos de diversas mujeres. Tienen un carácter esencialmente “romántico” y nunca llegan a concretarse en actos explícitamente sexuales. La lista es larga, pero hay dos mujeres que tienen en la vida de Carson un apartado especial. La primera es la joven aristócrata suiza Annemarie Clarac-Scwarzenbach, de una rara belleza, aventurera, escritora de libros de viajes, homosexual y con un aspecto deliberadamente ambiguo en el que predominaba la exhibición de su lado más masculino. A ella le dedica su libro Reflejos en un ojo dorado. Annemarie no acepta esta relación sentimental porque está enamorada de la baronesa von Opel que no le corresponde. Abandona los Estados Unidos sin despedirse de Carson para volver a su Suiza natal. Ambas mantienen una intensa correspondencia. Poco después Annemarie realiza un largo viaje por África y a su regreso muere en un “accidente”, según explican sus familiares. Carson la recordará hasta el final de sus días. La otra mujer de su vida fue Elisabeth Ames, directora de Yaddo, un centro dedicado a acoger temporalmente a escritores que necesitan un lugar tranquilo y aislado donde madurar sus proyectos. Carson vive en este centro durante largas temporadas. Elisabeth Ames le ayuda en la revisión de su nueva novela, Frankie y la boda, aportándole numerosas sugerencias. Y Carson le dedica esta novela. Al mismo tiempo, el carácter de Carson empieza a hacerse cada vez más complicado. Las reacciones desagradables para con su marido y sus amigos son frecuentes. Tiene que ser siempre el centro y la protagonista de todas las conversaciones con reacciones irritantes caso de no serlo. Pasa sin transición de ser una mujer encantadora a ser una persona insufrible. Y así continua a lo largo de toda su vida. El escenógrafo y amigo Arnold Saint Subber decía que: “Carson era el ser más angelical del mundo y, al mismo tiempo el más infernal, el más odioso de los demonios.
La relaciones entre Carson y Reeves se retoman vis a vis en el año 1945, a su vuelta de Europa, un año antes de la publicación de la novela Frankie y la boda. Pero Carson y Reeves ya no son las mismas personas. Ambos son alcohólicos. Carson sufre depresiones por sus continuos bloqueos creativos. La novela Frankie y la boda le requiere casi cinco años de trabajo en comparación con la anterior que
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le llevó sólo dos meses. Y no la concluye hasta el regreso de su marido y la intervención determinante de Elisabeth Ames. Reeves, por su parte, arrastra el trauma de su fracaso como escritor y las terribles heridas psicológicas que le ha dejado su intervención en la guerra. Después del publicación del libro deciden irse a vivir a Francia. Durante esa primera estancia, su vida se puede definir como una borrachera permanente al consumir una botella diaria de coñac cada uno. No hay producción literaria. En el año 1947 Carson sufre un ictus que la mantiene en el suelo de su casa sin poder moverse durante toda una noche. Reeves está fuera, seguramente en alguna de sus correrías homosexuales. Carson queda paralizada del lado izquierdo de su cuerpo y regresan en avión a Estados Unidos. Durante la travesía Reeves sufre un acceso de delirium tremens y debe ser también hospitalizado. Carson se separa por segunda vez de Reeves, se traslada a vivir a Nueva York City y tiene un intento de suicidio, lo que la obliga a ingresar en un clínica psiquiátrica. En esta nueva etapa en USA comienza la adaptación al teatro de la novela Frankie y la boda. Como pasa con todos sus proyectos, no puede escribir sola, y esta vez echa mano de su íntimo amigo el dramaturgo Tenneessee Wiliams, al que ella llama cariñosamente Teen. Durante los ensayos de la obra descubre que está embarazada, y se le produce un aborto espontáneo. A la salida de la cínica se reconcilia con Reeves. La obra de teatro adaptada es un éxito espectacular y consigue más de 500 representaciones en Broadway, lo que se traduce en un río de dinero para Carson. Además, vende los derechos cinematográficos de Frankie y la boda a Stanley Kramer por la extraordinaria cantidad para entonces de 75.000 dólares. Reeves ha iniciado un tratamiento para su adicción en Alcohólicos Anónimos y parece que se va a curar. Pero es sólo un espejismo ya que el ambiente en el que se mueve lo impide. Carson es alcohólica, su madre, Marguerite Smith, también lo es. Así que viviendo en Nyack (Nueva York), en una casa en la que, salvo la asistenta, todos son alcohólicos, dejar de beber es una quimera. Antes de partir para Inglaterra a dar una conferencias, decide separarse por tercera vez de Reeves. Pero éste se cuela de polizón en el barco, y ella le obliga a regresar inmediatamente a Estados Unidos. Lo que parece claro es que no pueden vivir juntos y mucho menos separados. “Ni contigo ni sin ti”.
En 1952, nuevamente reconciliados, Reeves y Carson deciden regresar a Europa pasando por Italia donde conservan un numeroso grupo de amigos. Al llegar a Francia se instalan inicialmente en la casa de su amigo John Brown. Las borracheras constantes trufadas de violentas peleas hacen que los Brown les sugieran amablemente que deben marcharse. Deciden buscar una casa en el campo. Carson compra la Casa Parroquial abandonada de un pueblo llamado Vexin, en Bachivillers, a una hora de distancia de París. Allí trabajan e intentan recuperarse sin conseguirlo, de su adicción. Es un periodo relativamente tranquilo. En septiembre de 1952 regresan a Roma porque ella ha sido contratada para escribir el guión de la película de Victorio de Sica “Estación Termini”, producida por David O. Selznick. Pero Carson es fulminantemente despedida por el productor. La sustituye Truman Capote. Este hecho supone una humillación insoportable para Carson y un triunfo para Capote quien se burla de la pareja a los que describe perdidamente borrachos por los bares de Via Veneto. Es también el comienzo del fin para Reeves. El regreso a Francia se transforma en un infierno. Crece el malhumor de Carson y se vuelve cada vez más insoportable. Como dice su biógrafa francesa Josuane Savigneau “se abisman en el aislamiento, en la soledad alcohólica, que sólo podía acabar en tragedia”. Aunque en sus cartas da una sensación de
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normalidad e incluso de una cierta confortabilidad con su marido, detrás de esa imagen esta la figura de una mujer alcoholizada, con sensación de fracaso, sequedad creativa y, además, paralizada de la mitad de su cuerpo.
A partir de la primavera de 1953, según una leyenda no contrastada, Reeves se obsesiona con el suicidio y le propone a Carson que lo consumen juntos. Tenneesse Williams, sin fundamento alguno, contó que Reeves, a finales del verano, había comprado dos cuerdas con las que se colgarían ambos de un cerezo de la Casa Parroquial. Esa misma noche, según esta leyenda, Carson se escapa y regresa a los Estados Unidos sin siquiera despedirse de Reeves. No vuelve a comunicarse con él durante los dos meses que quedan hasta su muerte. Reeves cae en una profunda depresión de la que no podría recuperarse pese a que algunos amigos consiguen sacarle de la Casa Parroquial e instalarlo en un hotel en París. El 19 de noviembre se suicida mediante la ingestión de barbitúricos mezclados con alcohol. A pesar de que tardan diez días en enterrarlo por la necesidad de practicarle la autopsia, Carson no acude al entierro, aunque sí se preocupa y consigue evitar que la familia pueda repatriar el cadáver. Al entierro acuden un grupo de militares americanos destacados en Francia, algunos amigos, además de John Brown y Truman Capote. Según los testimonios citados por su biógrafa americana Virginia Spencer Carr, Carson no pareció en ningún momento afectada por la muerte de Reeves. Han pasado dieciséis años desde que se conocieron en Columbus. Se han separado y reconciliado en varias ocasiones. ¿Se puede culpar a Carson del suicidio de Reeves?. Seguramente no. Pero es posible que ese suicidio no se hubiera consumado si ella hubiera actuado de una manera diferente. Lo cierto es que demostró no verse afectada por la muerte de Reeves tras la intensa y desigual relación que mantuvieron entre 1935 y 1953. Ella sabe perfectamente la situación en que se encuentra Reeves antes del suicidio por sus amigos franceses y especialmente por la correspondencia de Madame Joffre, la persona que se ocupa de la Casa Parroquial.
La obra de ficción de Carson McCullers es exigua y se limita a dos novelas largas, tres novelas cortas y unas decenas de cuentos. De una u otra manera recibió ayuda en la redacción de todas esas obras. También hay algunas limitaciones y errores de técnica literaria. Pero ello no quiere decir que estemos ante una escritora menor como dijeron algunos de sus contemporáneos como Lillian Hellman o Flannery o’Connors. Su obra ha sobrevivido a su muerte. Setenta años después sigue gozando del aprecio de los lectores, se reedita constantemente y ha pasado a integrar la tradición y el canon. Se trata de una obra muy original con unos personajes a veces extraños y outsiders, pero que conforman un mundo que no deja indiferente. Además, la lectura consigue algo muy difícil en literatura : dejar huella en el lector al que seduce, enriquece y transforma. Esa impresionante obra no hubiera sido posible sin esa relación tan compleja y atormentada de destrucción mutua que acabo de tan trágica forma. 

martes, 23 de mayo de 2017

Y OTRA VEZ STONER

John Williams, nació en Clarksville, Texas , en 1922. Desempeñó varios empleos en periódicos y emisoras de radio. En 1942 se enrola en el ejército y estuvo destinado en la India y Birmania. Después de la guerra se gradúa en la universidad de Denver. Publica su primera novela , que el propio autor rechazó después, y un libro de poemas. Desde 1950 hasta   1954 es profesor en la universidad de Misuri. Desde 1955 hasta su jubilación en 1986, es profesor de escritura creativa en la universidad de Denver. Tras jubilarse se retira a Fayetteville, Arkansas. Fallece en 1994.
Obra.
No cito su primera novela, que yo sepa, no traducida.
En 1960 publica  Butcher´s Crossing, en España en Lumen, 2013. A mi modo de ver es una novela de aventuras sobre la caza de búfalos, también novela de iniciación de un joven estudiante, con varios personajes arquetípicos. El hombre fuerte, líder, que domina y arrasa la naturaleza sin control, el religioso, un tanto timorato, el vividor que sólo piensa en la satisfacción de sus necesidades. Una sociedad, el medio Oeste, en transformación. Va a llegar el ferrocarril. En poblados provisionales se satisfacen las necesidades básicas. Unos tendrán futuro y otros desaparecerán. Se lee muy bien. Las peripecias de la caza de búfalos para obtener las pieles, butcher se traduce por carnicería…, son impresionantes.
Por curiosidad, y al hilo de Stoner, cito que en 1963 publica Poetas ingleses del Renacimiento.
En 1965 publica Stoner, aquí, como sabéis, editada por Baile del Sol desde 2010  .
En 1973 publica El hijo de César, en España Ed. Pàmies , 2016. Se trata de una biografía de Augusto, escrita con diversos enfoques : diarios, cartas, memorias, etcc… Se lee muy bien, muy entretenida. Fue National Book Award el año de su publicación.

Y ahora ya vamos con STONER.
Me parece un libro de lectura fácil y, en algunas páginas, apasionante.
El autor no engaña. Al comienzo de la novela ya nos dice , claramente, que es la historia de un hombre corriente : “para los más viejos, su nombre era un recordatorio del final que nos espera a todos, y para los más jóvenes un sonido que no evoca ninguna sensación del pasado ni ninguna identidad…”
El protagonista, hijo de campesinos y campesino el mismo hasta los 20 años, con la escuela a 15 kms. , con el sacrificio de los padres y su propio esfuerzo ,va a la universidad para estudiar Agricultura. Allí va a sufrir la primera transformación o epifanía o momento cumbre que denominaba Maslow, al descubrir, sin ser consciente, la belleza literaria en un soneto de Shakespeare, y con su tesón característico, el mismo que los bueyes ponen en tirar del arado, se dedica a estudiar literatura para terminar siendo profesor en la misma universidad. Hay una conversación muy interesante entre los tres amigos, casi al comienzo del libro, en la que Dave, al que luego siempre va a añorar, describe la universidad como un sanatorio ,un refugio, para enfermos, ancianos, infelices e incompetentes y lo aplica a Gordon y a William. No sé si todos los profesores de universidad estarán de acuerdo en esto.
Al terminar la guerra, esta vez la 1ª mundial, y normalizarse la vida académica, tiene otra experiencia cumbre, que marcará desdichadamente su vida : ve a Edith y se enamora , sin tener ni idea ni utilizar el raciocinio para nada. Y en aquella época pudibunda la persigue hasta el altar. “Era la típica chica de su época y su circunstancia. Había sido educada bajo la premisa de ser protegida de los graves incidentes que la vida pudiera poner en su camino, así como la de que no tenía otra misión que ser elegante y cómplice consumada de dicha protección, dado que pertenecía a una clase social y económica para la cual la protección constituía una obligación sagrada. Fue a colegios privados para chicas donde aprendió a leer, escribir y aritmética simple. En su tiempo libre se le incitaba a bordar, a tocar el piano, a pintar con acuarelas y a debatir sobre las obras más tiernas de la literatura. También había sido instruida respecto a indumentarias, carruajes, dicción para damas y moralidad.” (pág.52). Ya sabéis de mi afición a los ejemplos de la naturaleza. Es como matrimoniar un mulo, William perdóname, con una cabra loca, y además con mala uva. Después vienen las peripecias de su relación , hay que recordar al Chesil Beach de Ewans que leímos aquí, el nacimiento de Grace a la que la propia madre no cuida nunca y que encanta al padre, las diversas vejaciones que Edith infiere a William, las interrupciones e interferencias en su trabajo, la aversión de la suegra, aristócrata venida a menos , casada con un pequeño banquero no menos fracasado. En definitiva, William y Grace son felices cuando están solos.
 Y en una de estas ausencias de Edith, tiene lugar una tercera revelación : “ De vez en cuando se sentía tan arrebatado de entusiasmo, que tartamudeaba, gesticulaba e ignoraba los apuntes de clase que normalmente guiaban sus discursos… El amor a la literatura, al lenguaje, al misterio de la mente y el corazón, manifestándose en la nimia, extraña e inesperada combinación de letras y palabras…El amor que había ocultado como si fuese ilícito y peligroso, empezó a exhibirse, vacilante en un principio, luego con temeridad y, finalmente con orgullo” (pág.103).
Después viene más fases de la guerra de Edith. El relato, genial, de la guerra del departamento entre Lomax y William a causa del alumno contrahecho Charles Walker. La degradación académica de nuestro protagonista. La curiosa experiencia de su “desdoblamiento” (pág.159). “Tenía cuarenta y dos años y ante el no veía nada de lo que deseara disfrutar y había poco de lo pasado que le importara recordar” (pág.160). Y entonces, porque hay veces que la vida aprieta pero no ahoga, aparece Katherine Driscoll. Su relación ocupa el capítulo 13, unas 17 páginas… Personalmente, creo que es de las historias de amor más bonitas que he leído. Salva con gran dignidad la cursilería o la procacidad de estos temas. “En su tierna juventud, Stoner había pensado en el amor como en una manera de existir absoluta a la que podría acceder si era afortunado; en su madurez había pensado que era el cielo de una religión falsa a la que había que mirar con sosegado descreimiento benévolo y crónico desprecio y vergonzante nostalgia. Ahora, a su mediana edad empezaba a entender que no se trataba de un estado de gracia ni de una  ilusión; lo veía como un acto humano de conversión, una condición inventada y modificada minuto a minuto y día a día por la voluntad y la inteligencia del corazón.” (pág.172). Y cuando se va a terminar : “ Pero cuando salió del despacho de Gordon Finch notó, en la confusión que crecía desde un pequeño núcleo de su ser, que una parte de su vida había terminado, que una parte de él estaba tan próxima a la muerte que podía verla venir casi con sosiego” (pág.187). Y más adelante :”Porque a la larga, dijo Stoner,no es ni Edith, ni siquiera Grace, o la certeza de perder a Grace, lo que me mantiene aquí, no es ni el escándalo ni lo que me dueles, no son los obstáculos que tendríamos que superar, ni siquiera la pérdida del amor que tendríamos que afrontar. Era simplemente la destrucción de nosotros mismos, de lo que hacemos” (pág.188). Después , aquel verano no dio clases y tuvo la primera enfermedad de su vida. Comienza su acelerado inicio en la vejez. “ Pero William Stoner conocía el mundo de una manera que pocos colegas más jóvenes podrían comprender. Por dentro, bajo su memoria, yacía la experiencia de la dureza, el hambre, la resistencia y el dolor. Además del recuerdo de aquellos años de la granja de Bonneville, llevaba siempre cerca de su consciencia el conocimiento sanguíneo de su herencia, transmitida por ancestros cuyas vidas fueron duras, oscuras y estoicas y cuya ética común era mostrar a un mundo opresivo rostros inexpresivos, duros y fríos”. (pág.192). Y viene la segunda guerra mundial y su repercusión, al igual que la primera, en la universidad. La recuperación de su pasión por el estudio y la jugada que le hace a Lomax para recuperar sus clases. Su conversión en leyenda para los alumnos. La terrible historia de Grace. El paso de los años con la única satisfacción de dar sus clases. El libro de Katherine. “ Pero no lo había superado, lo sabía, y nunca podría hacerlo. Bajo la confusión, la indiferencia, el olvido, ahí estaba. El amor, intenso, fijo, siempre había estado ahí. En su juventud lo había dado sin pensar, lo había dado al conocimiento que le había revelado Archer Sloane; se lo había dado a Edith, en aquellos primeros días tontos y ciegos de cortejo y matrimonio, y se lo había dado a Katherine como si nunca antes lo hubiera hecho…No se trataba de una pasión de la mente ni de la carne; era más bien una fuerza que comprendía a ambas, como si fuese, más que un asunto de amor, su sustancia específica. A una mujer o a un poema, simplemente decía : ¡Mira!. Estoy vivo.” (pág.217).
Ya está bien. No voy a seguir. Nos queda su jubilación precipitada, su enfermedad, su muerte acariciando su libro como último gesto. Demasiada congoja para superarla después de una cena. Que cada uno la digiera como pueda.
John Williams cumplió. Nos ha contado la historia de un hombre corriente. Profesor universitario, pero podría haber sido carpintero. Salvo Grace que lo usa como medicina, en la novela no se bebe, no se cita a Dios, no hay agresividad física. Resulta que al cabo de los años la vida de Stoner ha sido una vida  anodina, como la casi totalidad de las vidas, los que desapareceremos sin nombre propio. Y ese es el mérito del autor : inmortalizar al hombre corriente , que hace el esfuerzo de querer algo, “y ese sentimiento dolorido y deforme sobrevive a todas las batallas”…(Olga Guirao dixit)

César