miércoles, 12 de junio de 2019

UNA EDUCACIÓN


Hace pocos días en la tertulia de este mes nos planteamos si el libro “Una educación” que íbamos a comentar,  se trataba de una novela autobiográfica o si por el contrario, al no haber elementos de ficción ni en los personajes ni en los hechos narrados según indica la propia autora, nos hallábamos simplemente ante sus Memorias.  Tara Westover, una estadounidense de 33 años, licenciada en Historia en Harvard y con un Postgrado en el Trinity College de Cambridge,  que a la edad de 17 años no había entrado nunca en una escuela, apenas sabía leer y como ella misma reconoce, desconocía que hubieran habido dos guerras mundiales durante el siglo XX.
Es su primera novela y, en mi opinión, creo que responde a una necesidad catártica de liberar las emociones que fue acumulando en el transcurso de su peculiar cambio vital. Un amigo me comentaba que posiblemente, al igual que otros autores de un único libro, es fácil que no vuelva a publicar o al menos no con tanto éxito. Personalmente no me importa demasiado, pero es bastante probable que así sea. Cuando un autor se vuelca en una historia, normalmente la propia y es tan intensa, las posteriores, si las hay, suelen ser una repetición más o menos encubierta y más o menos acertada de la primera, de la única historia.
Podríais pensar que se trata de una narración de los logros y triunfos de Tara así como una serie de recriminaciones contra algunos miembros de su familia, que de una forma u otra, durante diecisiete años la mantuvieron aislada, engañada, asustada y agredida aunque al principio no fuera muy consciente de ello, pero no es así. Creo que la autora se ha limitado a explicar lo acontecido en su infancia, adolescencia y parte de su vida adulta de una forma descriptiva, sin sofisticados recursos literarios evitando casi en todo momento inculpar a nadie. No hay duda que estamos hablando de un relato personal y subjetivo pero narrado de forma que consigue que el lector, al menos en mi caso, no tenga dudas de que así fue como pasó en realidad. Incluso en algún momento de la narración, la autora demuestra fallos de memoria sobre la exactitud de los hechos y así lo hace saber al lector. Claro que podría ser una estrategia literaria pero…. en cualquier caso yo no soy capaz de observarlo.
Hacia el final de la novela la propia autora dice: "En el mejor de los casos, yo era dos personas, una mente fracturada……..Las decisiones que tomé a partir de entonces …..fueron las de una persona cambiada, las de un ser nuevo. El desarrollo de un nuevo yo…...Podeis llamarlo: Transformación. Metamorfosis. Falsedad. Traición. Yo lo llamo una educación”. Esta es la esencia de este relato: la transformación de una joven educada en unos valores absurdos y antisociales inculcados en la infancia y su substitución a través de la cultura, por otros basados en la razón, en el conocimiento y en la integración social, y como este duro y largo proceso de cambio produce en ella sentimientos de alivio y seguridad junto a otros de pérdida y de culpabilidad quizá no del todo superados.
Es precisamente este aspecto el que me cuesta entender. Creo que la autora se recrea más en la dificultad psicológica de alejarse de esta familia disfuncional que en la satisfacción por lo alcanzado gracias a su inteligencia y tenacidad. ¿Pero, porqué le resulta tan difícil romper los vínculos familiares?
Comparo el grupo familiar de Tara con una secta. El padre es el líder: mesiánico, carismático, seductor, potente, cruel, asocial, sin verdadero afecto ni empatía por ningún miembro de la familia a los que tiene abducidos con sus relatos del fin del mundo y de la verdadera fe en Dios, del que se considera su máximo representante. Un profeta cuyo lema es: o estás conmigo de forma absoluta, demostrando continua lealtad y obediencia a mis preceptos y caprichos, o eres malo, no eres digno y no puedo tenerte a mi lado. El resto, esposa e hijos orbitan a su alrededor creyendo y obedeciendo sin plantearse que pueda existir algo diferente.
Imaginaros qué vínculos tan sólidos deben generarse entre los miembros de estas sectas cohesionadas,  por una parte, por el fundamentalismo ideológico y, por otra, por el consecuente aislamiento social. Y no solamente en el aspecto físico, pues viven semi aislados en la montaña, sino también y principalmente por un planteamiento filosófico según el cual,  “los otros”, los integrantes de la sociedad convencional son considerados los enemigos y de quienes hay que alejarse, defenderse y combatir cuando sea necesario. Es como un doble vínculo, el del parentesco y el ideológico. Solamente así se comprende las dudas de Tara y el sentimiento de culpa por asumir una nueva personalidad que de alguna forma representa todo aquello que durante tantos años consideró peligroso y prohibido.
No obstante esta familia no es la única que vive auto marginada ya que se relacionan con otras familias seguidoras de ese mismo credo espiritual formando una comunidad mormona autosuficiente y antisistema, donde los hijos no son censados, ni inscritos en ningún registro y no van a la escuela y mucho menos acuden a los hospitales. En este sentido también esta novela puede considerarse una especie de crónica de esa América profunda, desconocida y atrasada.
Entre todos los personajes puede que sea la madre el que me resulta más fascinante por su ambivalencia. De entrada, me parece la figura más triste y angustiosa pues se debate, al menos en la educación de los hijos, entre las demandas de su antiguo yo forjado en otro ambiente y con una visión convencional del mundo, y su nuevo yo,  acorde con las exigencias de su extravagante marido.  Me resulta aterradora la responsabilidad que recae solamente en ella de curar las enfermedades y heridas brutales con remedios caseros elaborados con plantas. Pero, más adelante se me vuelve irritante y patética principalmente por su progresivo posicionamiento con el padre y su rechazo hacia los hijos que osan enfrentarse.  No obstante creo que estos dilemas únicamente los pueden entender de verdad las víctimas de estos círculos tan perversos y cerrados.
¿Es una novela feminista? En cierto modo, sí. De hecho el negocio familiar funciona y crece gracias a la actividad y sabiduría de la madre aunque es el padre quien en última instancia lo controla. Pero en esta dinámica familiar tanto los hijos como las hijas sufren de forma similar las consecuencias del dogmatismo paterno si bien ellas, quizá se llevan la peor parte en algunos aspectos. Incluso el hermano mayor, protegido del padre y maltratador de las hermanas, parece que su agresividad se debe a las graves secuelas cerebrales derivadas de accidentes provocados, de nuevo, por la irresponsabilidad y prepotencia del gurú. Además, aunque la novela se centra en Tara, aparecen otros hermanos varones que también consiguen salirse de este entorno y forjarse una nueva vida.


Eugenia Cisneros

No hay comentarios:

Publicar un comentario