viernes, 20 de abril de 2012

Un texto de APPENFELD

De Historia de una vida ( Península,2005, págs.64-65)

En el año 2005, Appenfeld pronunció una conferencia en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona. Leyó estas páginas que le tradujo su esposa, Elena.

"En uno de aquellos días tan tranquilos( por cierto , la mayoría de los días lo eran, y excepto el graznido de las aves rapaces, no se oía ningún sonido estridente en el bosque), cuando estaba parado en el margen del campo de maíz, encantado por su movimiento ondulante y por el verde que iba cambiando alternativamente a un verde más oscuro, vi de repente un cuerpecito moviéndose sobre las olas del maíz. Me parecía que nadaba con facilidad. Estaba lejos de mí, y, aún así, podía observar claramente cómo nadaba.
Cuando todavía estaba siguiendo el movimiento del cuerpecito moreno, oí en la lejanía unas voces apagadas, una mezcla de voces de vientos y numerosas voces humanas.Me giré a un lado y otro y no vi nada.El cuerpecito moreno avanzaba y me parecía que se estaba abriendo paso para llegar al bosque.
Aún estaba tratando de ver de que dirección provenían las voces cuando vi, en la colina que estaba a mi lado, donde también había un campo de maíz,una masa de cuerpos humanos abriéndose paso velozmente como si viajaran en una balsa. Al principio no asocié el cuerpecito pequeño que nadaba sobre el maíz con los otros cuerpos, pero no pasó mucho tiempo cuando vi que se movían con gritos de guerra y, desplegándose hacia los lados, lo rodearon.El cuerpecito pequeño, que al principio me parecía que nadaba con facilidad, al parecer se cansó.La distancia entre él y el bosque hacia el que se abría paso, no disminuía.
Todo esto acontecía a unos centenares de metros de mí y, aunque veía a la gente, no atribuí ese movimiento a seres humanos, sino a la naturaleza. Tenía la impresión de que los vientos estaban acumulando fuerzas para el impulso y que, en breve, se desplegarían sobre los campos de maíz y los cortarían.
La verdad no tardó en descubrirse. El diminuto cuerpecito no era más que un niño, y los que lo perseguían, campesinos. Muchísimos campesinos con hachas y hoces en las manos, moviéndose de forma decidida para atraparlo. Ahora veía la imagen del niño con claridad, respiraba con dificultad girando la cabeza hacia atrás a cada rato. Estaba claro : no escaparía, no podría escapar. Eran muchos y más veloces que él, y dentro de poco le cerrarían el paso.
Me quedé observando los morenos y vigorosos rostros de los campesinos mientras avanzaban velozmente. El niño se esforzaba mucho, pero inútilmente. Lo atraparon, posiblemente no lejos del bosque. Todavía alcancé a oir sus súplicas.
Más tarde vi a la muchedumbre regresar al pueblo. Volvían con regocijo, como tras una cacería exitosa. Dos campesinos jóvenes arrastraban al niño de las manos. Lo sabía : dentro de poco, si vivía, lo entregarían a la policia y en mi corazón supe que mi destino, llegado el día, no sería diferente; a pesar de todo, cuando aquella noche apoyé la cabeza en la tierra, me alegré de seguir con vida y poder ver las estrellas entre los árboles. Este sentimiento egoista, que yo sabía que no era puro, me envolvió y me sumergió en un profundo sueño."

1 comentario:

  1. Terrible historia que sin duda sería real y no única ni aislada. Sino fuera por el sentimiento gregario tan arraigado que tenemos cada individuo, como entender que un grupo pueda actuar conjuntamente de forma tan cruel e inexplicable y ver en un niño el símbolo del peligro contra toda una nación. Seguramente la seguridad que da el pertenecer al grupo, el sentirse integrado dentro de él es más fuerte que la reflexión sobre los propios actos.
    Tambien me ha gustado la sinceridad del párrafo final. Nunca he acabado de entender, y sé que existe y es muy desestabilizador, el "complejo del sobreviviente" del que trata la maravillosa película de Coixet "la vida secreta de las palabras". Sinceramente creo que a pesar de..... el instinto de vida acaba imponiendose

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